No es tan complicado el análisis global de lo que pasa con Unión. No lo es, porque todos sabemos que la gente de Unión (toda su hinchada) quiere el ascenso, que ya es la quinta temporada en la B Nacional, que en los cuatro años anteriores nunca se peleó por nada y ni cerca se estuvo de hacerlo, y que en ese mismo tiempo se dieron el gusto instituciones como Huracán de Tres Arroyos, Tiro Federal, Godoy Cruz de Mendoza y ahora San Martín de San Juan, de militar en la máxima categoría del fútbol argentino.
Ese mismo análisis es el que hace el técnico de Unión. Trullet, como cualquier hincha de Unión, sabe qué es lo que el club y la gente necesitan. Asume las presiones y las urgencias. Y también lo saben estos dirigentes que se hicieron cargo del club hace cinco meses, que no salieron a prometer graciosamente que iban a ascender a Unión como "virtud" de una plataforma electoral, sino que dijeron de qué manera se debía trabajar para lograr ese objetivo (fortalecer el proyecto encarado el año pasado de jugar con lo propio, reforzando el plantel con cuatro o cinco hombres de jerarquía y en puestos clave). Pero no sólamente eso, sino que se han esmerado por mantener al plantel al día, por hacer una buena pretemporada en un lugar adecuado como Mar del Plata, en disponer de hoteles confortables para las concentraciones, etcétera.
Quizás, los actuales dirigentes de Unión se hayan encontrado, sorpresivamente, con una reacción desmedida (o apurada) en cuanto a la exigencia por parte de la gente.
Porque el torneo es largo; porque, como dijo el vice Rubén Decoud, no es necesario ir primeros desde la primera fecha hasta la última, y porque el hincha de Unión debe entender que la presión tiene que ser en contra del rival y no del propio equipo.
Pero así están planteadas las cosas. El plantel lo sabe y el técnico también. Trullet lo reconoció el sábado, después del partido, cuando dijo que "vamos a jugar en un ambiente difícil el domingo ante Aldosivi". Quizás, sea la hora de que la reacción se produzca del otro lado y que sea el propio equipo quien haga cambiar silbidos y reprobaciones, por aplausos y ovación. Como pasó ante Ferro, en el segundo tiempo, después de que el fastidio de la gente haya explotado en una silbatina ensordecedora que despidió a los jugadores al cabo de los primeros 45 minutos.
Y si todos aportan...
Unión no está bien, pero tampoco está mal. La campaña es regular, está cuarto (o tercero si lo medimos exclusivamente por el puntaje), a dos del segundo lugar. Se escapó un poco San Martín de Tucumán, que le sacó 7 de ventaja. Pero a pesar de que sacó 1 en los últimos 6, Unión no se ha caido en las posiciones y mantiene un lugar de privilegio, ayudado por el descuento que recibirán Almirante y Chicago.
Daría la impresión de que se tendrían que aprovechar al máximo estos cinco partidos, de los cuáles hay tres que se juegan en Santa Fe. Y hacia allí se deben apuntar los cañones.
* El técnico: nadie como Trullet conoce este plantel y nadie como él conoce las necesidades y urgencias que tiene Unión. El se está jugando una "patriada" y lo sabe. Hace 20 meses lo llamaron para que salvara al equipo del descenso y lo consiguió. Luego le dijeron que no había un peso partido por la mitad para armar el equipo y que tenía que arreglárselas con los jugadores del club, y también lo hizo. Fue un año de transición que le sirvió para armar la base. Ahora, inevitablemente tiene que pelear el ascenso.
Trullet lo "recontra sabe" y nadie tiene que dudar de eso. El primer interesado en que Unión salga campeón o segundo para ascender, es el propio entrenador, pues de eso depende su trabajo y su permanencia en el club. Trullet no quiere ser Ferguson, porque nadie en la Argentina es Ferguson. Lleva 20 meses y es consciente de que le quedan 7 u 8 para lograr el objetivo. Se le reprocha que pone y saca jugadores, cuando, en realidad, hay once jugadores que estuvieron casi siempre (Assef, Canuto, Mosset, Vera, Rosales, Serrizuela, Jorge Torres, Fontana, Zapata, Pereyra y Zárate). Se puede discutir que no dejó un esquema fijo, pero eso de que +anda poniendo y sacando jugadores+ no es tan cierto.
* Los jugadores: Ninguno de ellos puede hacerse el desatento, porque saben dónde están y por qué están jugando. La presión no es para el técnico o los dirigentes, sino también para ellos. Están en un club que necesita pelear el campeonato. Y hay varios rendimientos individuales que no se condicen con el citado objetivo. Faltan caudillos y hombres que sepan cargarse la responsabilidad en los hombros. En lo temperamental y también en lo futbolístico. Son pocos los que dan esa imagen. Al menos, esa es la sensación que uno percibe. Salvo, el segundo tiempo con Ferro y la reacción que hubo en el final del primer tiempo con Tiro Federal.
* Los dirigentes: Hay gente de experiencia en esta comisión directiva. Los que manejan el fútbol la tienen; el presidente, también. Y sólo hablo de las cabezas visible a la hora de tomar decisiones que tengan que ver con el equipo. El proyecto deportivo no es el equivocado. Pero saben que en este momento de Unión es inevitable convivir con las presiones; pero también saben que deben pensar con la frialdad de la cabeza y no con la calentura del corazón.

































