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Que el equipo tiene lagunas, es cierto. Es más, anoche tuvo Tres Arroyos en lugar de una laguna en medio del juego y de manera innecesario. Y si no lo pagó más caro en la chapa fue por Nereo volador.
Que el equipo no maneja los tiempos debidamente, también es cierto. Porque no se entiende la falta de aprovechamiento integral de las circunstancias del juego: tenía todo para florearse y golear ante un débil contrincante, pero se fue del partido de una manera increíble.
Que el equipo no es por izquierda ni por asomo lo que transmite por derecha, es cierto. Porque Fontana sabe perfectamente qué hacer y cómo hacer. Es más, la triangulación con el volante suelto que aparezca (Zapata ó Paulo) y Pereyra es perfecta: generan los espacios, hacen perfecta la distracción y siempre llegan al fondo. Pero del otro lado, no hay caso. A Marcos Torres le costó el carril y Ruiz hace -por ahora- bien y prolijo la mitad del trabajo.
Que el equipo carece de un centrodelantero goleador, es doblemente cierto. No lo fue Cristian Rami, no levanta vuelo Miguelito Barreto a pesar de la banca del entrenador, no tuvo continuidad Peralta Pino y Germán Weiner es más por afuera que otra cosa.
Pero también es cierto que Unión armó un viejo tándem de los de antes, casi con una receta histórica justo en el año de los 100 años: Pereyra-Rosales. Porque el habilidoso 10 -único acierto de Néstor Oscar Craviotto- está cada vez más intratable cuando toma la pelota y asume los riesgos de ser el conductor de un grande para la divisional, con todo lo que ello implica: cuando resuelve, se empacha de aplausos; cuando falla, escucha el murmullo. Es así. Y porque César Pereyra es uno solo pero hace de todo: es puntero, es 9, es goleador, se tira atrás y corre a los defensores rivales en la salida. En el fútbol de hoy, prácticamente, no se ven enganches definidos sin otra función que no sea crear y punteros por las rayas. Entonces, en este punto específicamente, Unión es saludablemente antiguo. Porque en medio de la adrenalina pura, las exigencias de ascenso y los apuros desmedidos de la gente para volver o volver en este emblemático 2007, uno nota desde arriba que tanto Paulo Rosales como César Pereyra hacen algo allá abajo en la hierba que parece olvidado para estos tiempos de tanta ideología táctica y obediencia estratégica. ¿Qué hacen?: se divierten jugando a la pelota.
Los eternos agoreros, esos que pululan por todos lados y sobran en el fútbol, dirán claramente “sí, son buenos, pero juegan en Unión de Santa Fe y en la B...”. Un poco más elegante resultó en los vestuarios el padre de esta sociedad: Carlos Alberto Trullet, el entrenador de Unión, con esa cara que el mismo “Cabezón” reconoce de pocos amigos: ”Si Pereyra y Rosales son realmente distintos lo tienen que hacer notar de acá hasta el final... Tienen que jugar en Primera”. En la sicología de Trullet no sobra el elogio fácil para las supuestas “figuritas” del equipo. Todo lo contrario: los pincha y los motiva con este desafío a los goleadores de Unión, que ya amontonan 11 goles entre los dos “enanitos rojos”.
Es evidente que se buscan, casi con un imán adentro de la cancha. Es como que existe, entre ambos, una atracción futbolística fatal. Eso quedó claro en el primer gol, donde Pereyra se recostó por la banda, limpió hacia adentro, sacó uno de esos centros que duelen y que parecía ir en búsqueda de Barreto, pero fue allí donde Paulo Rosales homenajeó al viejo pique al vacío: la paró en el aire, a la carrera, entró y la cacheteó como venía al gol. Se metió adentro de la 18 como si fuera un 9 de toda la vida, de ésos grandotes y corpulentos. Justo él, que con la 10 en la espalda es de los más “enanitos” en el fútbol argentino.
El segundo gol fue el “A-B-C” de lo que fue, es y será un contragolpe. Aunque cambien las reglas, aunque se modifiquen las tácticas, aunque los técnicos cada vez pongan más corredores que jugadores. Se perdió el empate Huracán de Tres Arroyos con un cabezazo blandito de Herrera a las manos de Nereo: salida biónica del arquero que anoche mostró sus garras, corrida supersónica del punterito y golazo al otro caño, como pidiendo permiso.
Un 2-0 frente a Huracán de Tres Arroyos, candidato más que firme para volver al Torneo Argentino de donde lo sacó el “Chavo” Anzarda para que el “Globo” volara hasta la Primera División del fútbol argentino, dice poco en términos de respeto futbolístico. No es un batacazo, ni nada que se le parezca. Pero son tres puntos que eran necesarios. Porque anoche Unión jugó un partido de un solo resultado, así de simple. Era ganar o ganar. No había excusas ni peros. Se la bancó atrás sin el stopper más regular y con oficio (“Pipo” Desvaux); se las ingenia por izquierda con el parche inventado de un defensor adelantado, como Ruiz, a contramano del líbero Canuto, que es un volante retrasado; convive con la ausencia preocupante de un 9 de área, con gol, porque la camiseta parece estar embrujada desde que se fue el “Indio” Bazán Vera con sus gritos hacia Tristán Suárez, cerca de donde vive la novia de su nuevo amigo: Diego Armando Maradona.
Con todas sus limitaciones, pero con una honestidad futbolística brutal -la de querer, intentar, ir, buscar- Unión sigue subiendo en las dos tablas. Y si bien esta noche en la cena multitudinaria para los 100 años se escuchará la canción oficial del club, anoche Unión bailó al ritmo de la música que tocaron “Los Enanitos Rojos” en el 15 de Abril.
Síntesis
UNION: Nereo Fernández, Carabajal, Canuto, Yacob, Fontana, Sartor, Ruiz, Zapata, Paulo Rosales, Pereyra y Barreto. DT: Carlos Trullet.
HURACAN (TA): Pocrnjic, Zanel, Natalicchio, Fernández, Ruiz, Díaz, Herrera, Levato, Escudero, Galván, González y Reinoso. DT: Rubén Agüero
Goles: 12’ PT. Paulo Rosales (U). 40 PT. Pereyra (U).
Cancha: Unión
Arbitro: Daniel Raffa


































