Este proceso de Munúa es digno de ser respaldado a través de la idea futbolística, de las buenas intenciones, de esa identidad que el uruguayo busca y que lo define como un técnico ofensivo, que piensa en el arco de enfrente. Son siete partidos nomás, con un plantel que no armó, que tiene una deuda interna profunda (perdió de local más veces de las que ganó y eso no se puede tolerar, máxime cuando hace poco tiempo la situación era diametralmente opuesta y Unión era un equipo implacable en el 15 de Abril) y hay que darle tiempo por más que no le quede mucho hilo en el carretel para desperdiciar porque el torneo se termina y el objetivo de entrar en la Sudamericana se diluye con estos resultados. Pero hay fallas reiterativas y peligrosas en este Unión. Y tienen que ver con la cantidad de goles que le convierten, porque lo transforma en un equipo frágil, poco sólido. Y porque a pesar de que marca goles, éstos llegan merced a la creación de una cantidad muchas veces excesiva de situaciones claras que, al no ser aprovechadas, ponen en riesgo el resultado. El pasaje inicial de este partido con Defensa y Justicia es la muestra clara. En el minuto 19, cuando vino el gol de Merentiel en la primera llegada clara de la visita, Unión había tenido cuatro situaciones para abrir el marcador. Y resulta que al partido lo perdía y tenía que salir a darlo vuelta y a lidiar con esa desventaja. Y después, cuando se necesitaba de solvencia y mayor seguridad para cuidar el 2-1 favorable de los primeros 45 minutos, Defensa lo dio vuelta con dos zapatazos desde afuera del área.