Tranquilamente se lo podría denominar como un atisbo a "morir en la suya". No porque el partido de este jueves sea determinante para el Kily González, con espalda grandota y sin la presión -todavía- por la que atraviesan los técnicos del fútbol argentino cuando pasa lo que le pasó a Unión: 4 partidos, 3 derrotas y penúltima posición en la tabla. Todos entienden que el equipo aún está en formación, que el técnico aún sigue en la etapa de "prueba-error" y que hizo mucho el año pasado (y el 2023, ni hablar), como para que se lo espere y reciba la "banca" de todos.



































