Siempre son buenos los aniversarios, porque sirven para los recuerdos y los balances. No está de más echar una mirada hacia atrás, como tampoco mirar hacia adelante. Son momentos reflexivos, pero también de esperanza para lo que vendrá. Y al futuro hay que construirlo, no depende del azar, no viene "de arriba". Se trabaja para llegar a una meta, para cumplir objetivos. Es un camino. Un recorrido del que nadie puede ni debe sentirse excluido



































