En los años 80, los yacarés eran cazados a mansalva y sin piedad en el país. Los mataban las balas y los palazos de los pobladores rurales, que actuaban por miedo o desconocimiento, o para comerlos; o bien por cazadores que buscaban tomar sus cueros y venderlos a las empresas dedicadas a la industria del calzado. La reproducción de esta especie de reptiles peligraba: se hablaba de su inminente extinción de la naturaleza.

































