"La mayor parte de las líneas están diseñadas para converger en el centro, compartiendo recorridos entre ellas durante extensos tramos, dejando sin cobertura y conexión a otras zonas o barrios de la ciudad. Y es esta centralización y desigual distribución la que mina el subsistema desde sus cimientos", explica el investigador. E interpela: "¿qué pasaría si esos distritos que tienen una alta utilización del subsistema, como pasa con el Noroeste, contaran con una buena oferta, es decir, si tuvieran más coches y rutas en circulación generando una mejor conexión? Quizás aumentaría el flujo de usuarios hacia el subsistema y por ende su uso. Esto es lo que buscamos señalar cuando hablamos de que la desigualdad en la distribución atenta contra el propio subsistema de transporte por colectivos", concluye Savarino.