El hombre de las muletas tiene un tobillo lastimado. “Hace cuatro años me pegaron un tiro cuando me quisieron robar la moto”, dice. “Me operaron varias veces pero quedé así”, dice, y se señala la pierna, que además está tatuada como gran parte de su cuerpo. “Acá viene gente a traernos comida o nos ayudan con plata, pero lo que nosotros queremos es que nos den a donde vivir, porque más bajo no podemos caer”, dice, y cuenta que “es la primera vez” en su vida que vive en la calle. “Si nos llevan a la cárcel de Las Flores o a Coronda, tenemos techo y comida”, ironiza. “Pero si nos lleva la policía a las seis horas salimos y yo vengo y me encadeno acá hasta que me den una solución”, amenaza. “Ya se lo dije al cura”.