A un día de que se conmemoren los 20 años de la inundación de 2003, la mayor catástrofe hídrica que sufre la ciudadanía santafesina, las sensibilidades están a flor de piel, hay heridas y duelos que no cerraron, hay un íntimo llanto contenido en la garganta y las memorias de la tragedia aparecen, como flashes de recuerdos dramáticos.



































