La bajante histórica del río Paraná, producto de una sequía prolongada, trajo consecuencias importantes para la provisión de agua potable y desafía a los gobiernos a que encuentren planes de acción y así garantizar el suministro del recurso vital. Tal es así que desde finales de julio el gobierno Nacional decretó la emergencia hídrica para la región de la cuenca del Paraná.


































