Hubo una época en que las madres ponían una hojita de ruda macho debajo de las almohadas, para que los niños durmieran bien: se creía que esa especie vegetal mataba los parásitos, incluso que alejaba los malos espíritus. "A la casa en la que hay ruda, Dios la ayuda", reza un viejo refrán. Las hojas de eucalipto, en agua hirviendo, se sigue utilizando para cuadros respiratorios: el "paciente" se pone una toalla o repasador sobre la cabeza, asoma su nariz a la olla donde está el "mejunje" e inhala: se cree que el eucalipto es expectorante, broncodilatador y mucolítico.


































