Una chica de tan sólo 17 años llegó en la década de los '80 desde San Luis, su provincia natal, a la ciudad de Santa Fe. Desde la terminal de ómnibus, algo asustada, se tomó un taxi que la dejó en la vereda de la Facultad de Derecho de la UNL. Traía un bolso "real" con ropa, libros y cosas personales, y otro bolso "imaginario" lleno de sueños. Llovía y llovía. Su madre la acompañaba.



































