Francisco "Mono" Altamirano nació en San Luis en una familia muy humilde. Su madre era empleada doméstica y su padre hacía changas. Tuvo una niñez sin juguetes pero feliz. Se las ingeniaba para crear una pelota con una media y llenándola de papel. Terminó la primaria pero no pudo seguir estudiando; carecía de la ropa adecuada y de libros para ir a la escuela. "Solo tenía un cuadernito, un lápiz y una goma", recuerda con nostalgia.
































