Apenas 12 años atrás, el crecimiento de la ciudad y el desarrollo del Puerto transitaban por carriles separados. Los terrenos de los diques configuraban un espacio anónimo e intransitable, sin referencia para los vecinos ni integración entre la zona del centro y el río. Se trataba de un paisaje degradado con instalaciones abandonadas, deterioro del entorno natural y serios problemas de infraestructura, ambientales y de inseguridad.


































