La inundación de abril de 2003 es un acontecimiento que irrumpió en la historia de Santa Fe y se transformó en un lugar de memoria, en una construcción colectiva. El agua del desbordado río Salado se llevó mucho aquel día, menos eso: los miles de recuerdos individuales grabados a fuego en la piel del que sufrió la crueldad y el desamparo de la inundación, y los sentires y esfuerzos de aquellos otros miles que prestaron su colaboración en esos días aciagos, poniendo una mano en el hombro de los padecientes.




































