Ubicada en el corazón cívico de la ciudad, la plaza no es solo un punto de encuentro y descanso, sino también un escenario cotidiano que refleja el vínculo de la comunidad con su patrimonio. Por eso, los daños visibles en las figuras de los biguás interpelan no solo a las autoridades, sino también a la responsabilidad colectiva en el cuidado de los espacios públicos.


































