Jacques-Louis David (1748-1825) fue un gran pintor, pero sobre todo un individuo atravesado por las urgencias sociales y políticas del tiempo que le tocó transitar en este mundo. Nacido en Francia, le tocó una de las épocas más turbulentas de la historia de su patria, la Revolución de 1789, en la cual participó activamente. En términos puramente artísticos, puede ser considerado entre los neoclásicos, igual que otros contemporáneos suyos como Jean-Auguste-Dominique Ingres, Antonio Canova, Jean-Baptiste Carpeaux y Anne-Louis Girodet-Trioson. En este sentido, las obras de David son una síntesis de su interés por la antigüedad clásica, la claridad, la simplicidad formal y la idealización de la figura humana.



































