"Mi pincel no debe ser mejor que mis ojos". Esta frase describe muy bien la postura ante el arte (y ante su tiempo) que desarrolló el célebre pintor Francisco de Goya.
En junio de 1977, el agregado cultural de España, Eduardo Toda OIiva, realizó en el Rosa Galisteo una exhaustiva conferencia dedicada al artista. Un recorrido apasionante, que mostró las diversas facetas de un creador excepcional.

"Mi pincel no debe ser mejor que mis ojos". Esta frase describe muy bien la postura ante el arte (y ante su tiempo) que desarrolló el célebre pintor Francisco de Goya.
El aragonés nacido en Fuendetodos en 1746 y muerto en Burdeos en 1828, a los 82 años, muy lejos de la corte que alguna vez lo sedujo, fue el primer artista moderno de Occidente. Miró el horror de frente y lo hizo imagen.
A la creatividad de Goya, el mundo debe obras del rococó, el neoclasicismo, el romanticismo y hasta una suerte de anticipación, en su última y sombría etapa, del moderno expresionismo.
En junio de 1977, "los mundos" generados por este artista genial fue el eje de una disertación realizada en la sala didáctica del museo Rosa Galisteo de Rodriguez por el agregado cultural de España, Eduardo Toda OIiva.
El Litoral cubrió exhaustivamente la actividad, promovida por la Asociación de Amigos del Museo y publicó una extensa crónica el día 14 de junio, que nos permitimos evocar en esta sección.
En primer lugar, el diplomático se refirió a las características de Goya, al que describió como "hombre de mal genio, de genio y aragonés, esencialmente ibérico".
Para eso exhibió un autorretrato del artista en el que se le ve con gafas y usando patillas. Agregó que "era de origen humilde y que su gran inspiración fue entrar en la Corte, llamándose, cuando fue pintor del rey, don Francisco de Goya y Lucientes".
Luego abordó el primer mundo de Goya, el de las técnicas. Y expresó que empezó pintando frescos como los de San Antonio de la Florida, el Pilar. También citó la de los cartones para tapices, aguafuertes, dibujos y litografías.
En ese punto, hizo alusión a "Los caprichos", "Los desastres de la guerra", "La tauromaquia", series famosas del artista, hasta llegar a la de las "pinturas negras", caracterizadas por el predominio de este color.
Finalmente se refirió a la pintura al óleo, técnica que usó Goya para "La familia de Carlos IV", en la que la reina es la figura principal. "Las técnicas sintetizan el amor, el horror, lo cortesano, lo popular", afirmó.
Después el disertante se concentró en el mundo cortesano del aragonés a través de obras centradas en su interés por ingresar en la aristocracia.
En este punto, aludió al "Retrato del conde de Florida Blanca". Citó también el de Godoy, el del conde de Fernán Núñez y a "La duquesa Cayetana de Alba". "Uno de los mejores retratos y a la supuesta relación amorosa del pintor con esa figura vital hispana", afirmó respecto a este último.
Oliva También expuso "el amor" de Goya por lo popular y destacó "cómo hablaba con los artesanos hasta que quedó sordo". Trajo a colación "El albañil herido" (tal vez el primer cuadro de un accidente laboral) y "El ciego de la guitarra", pintura "en la que está el pueblo en forma desgarrada".
Referenció, a su vez, un cuadro de Fernández de Moratín, que pintó en Burdeos. "Allí compuso poco antes de morir el que se considera el primer cuadro del expresionismo europeo: 'La lechera de Burdeos', una maravilla".
"El embozado", "La maja desnuda" (presenta el amor carnal), "La maja vestida", de igual tamaño que el anterior, pero no de igual factura; "La Celestina y su hija", le permitieron al orador hablar del amor en la obra de Goya.
Habló sobre el retrato de la mujer de Goya, Josefa, y de Leocadia Zorrilla, su amante. Y pasó a referirse al “mundo del horror” en el que entró por su sordera. La famosa obra "Saturno devorando a sus hijos" ilustra “ese mundo de Goya”.
Según señaló Toda Oliva, todas esas expresiones (lo cortesano y lo popular, el amor y el horror, la religiosidad y el espíritu independiente) convergen en una misma realidad histórica y cultural.
De allí que, al concluir su exposición, afirmó que los distintos mundos presentes en la obra del pintor aragonés terminan por integrarse en uno solo: el mundo de España.
Nombró, para ello, "El entierro de la sardina", "La última comunión de San José de Calasanz" y "Los fusilamientos del 2 de mayo". Al respecto, Goya fue fiel a su expresión: "Trabajo para el público, con lo que debo continuar divirtiéndolo".
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