"¿Qué necesitan", les preguntó el general Juan Domingo Perón, presidente de la Argentina. "Un autódromo", contestaron a coro Juan Manuel Fangio, Froilán González y Benedicto Campos, que volvían de Europa tras iniciar sus experiencias en la Fórmula 1. Era 1950: así empezaba la historia del coliseo porteño que hoy lleva el nombre de los hermanos Juan y Oscar Gálvez.

































