La tarde cae pesada en Managua y el Polideportivo Alexis Argüello empieza a latir con ese rumor de final que no necesita presentación. Argentina y Brasil se citan otra vez en el centro de la escena, como si el básquet del continente encontrara siempre en ellos su espejo más nítido: carácter, oficio y una memoria que no se oxida.


































