Después, el Flaco se fijó con aquella selección del interior que él mismo formó, en Leopoldo Jacinto Luque y lo convocó cuando todavía estaba en Unión. Fue su “9”, también por encima de otros y hasta del propio Mario Alberto Kempes, a quién lo dio la libertad de jugar por el sector que más quiera. Luque se afirmó enseguida en River y también en la selección. Menotti creyó siempre en él y Leo le respondió. Inclusive, le dio la libertad de ir con su familia cuando falleció su hermano el mismo día del partido con Francia en el Mundial de 1978, cuando marcó un golazo y se luxó el codo. “Vaya con su familia que lo necesita, nosotros estaremos esperándolo pero usted decida qué es lo mejor y nosotros lo vamos a acompañar”, le dijo el Flaco, palabras más, palabras menos. Y Leo volvió para ser campeón del mundo, convirtiendo goles claves en el partido con Perú.