Cuando Talleres hizo una recordada gira por Zaire (también fue Temperley), un periodista lo bautizó como “El dios del fútbol”. Hasta llegaron a compararlo con Pelé. El “Hacha” Ludueña jugaba muy bien. Pero muy bien en serio. Formó parte de equipos increíbles de Talleres de Córdoba que hoy, en la perspectiva que da el tiempo, suena muy extraño que un equipo de liga (eso era Talleres, que únicamente aspiraba a jugar el Nacional en la última parte del año), tuviese tantos buenos jugadores que luego fueron campeones del mundo (Luis Galván, Oviedo, Valencia) y dos que se quedaron en la puerta (el “Hacha” Ludueña y Humberto Bravo).



































