"Me emociona decirlo. En la época de inferiores en River, un día me llaman desde la oficina de Rubén Rossi. Me acuerdo ese momento como si fuera hoy. Iba caminando a la sala que tenía Rubén y me imaginaba lo que podía pasar. Había jugado poco en octava, el técnico no confiaba en mi, decía que era flaquito y no sé cuántas cosas más. Rubén era el responsable de las inferiores de River en ese momento. Golpeo la puerta y entro. Yo pensaba que Rubén me iba a decir que busque otra salida. La verdad es que fui abatido ese día. Cuando entro a la sala, estaba entregado. Entonces, me siento y Rubén me habla. Cuando empezó la charla, arrancó como para confirmar mis presunciones. Me dije: 'ya está, me tengo que ir'. Y por ahí, Rubén me dice: "Usted va a seguir en séptima división, porque a pesar de que no lo haya puesto el entrenador, yo confío en usted y estoy seguro de que va a jugar en la Primera de River. La verdad es que si quedaba afuera de esa división no sé si hubiese jugado al fútbol, lo digo sinceramente. El -Rubén Rossi- fue el que confió ciento por ciento creyendo en mis capacidades técnicas y físicas. Es que Rubén es una persona que no mira la altura o la contextura y la fuerza física., El valora otras cosas, como la capacidad humana. Hoy, con casi 33 años, todavía me acuerdo de esto que pasó hace más de 15 años. A esas palabras las tengo en mi cabeza y a esa situación en mis retinas. Son las palabras más importante que tuve en el fútbol y en mi crecimiento como jugador".

































