-A nivel global, el comercio internacional se mostró mucho más resiliente de lo que se esperaba. Las estadísticas de 2025 muestran en el tercer trimestre un crecimiento de 2,5%, un valor bastante elevado. Se redujo parcialmente el comercio entre Estados Unidos y China, pero se incrementó el del resto del mundo. En el caso de Argentina, por ejemplo, desde abril a hoy incrementó sus exportaciones hacia China porque la soja que China no importó de Estados Unidos en el marco de la disputa geopolítica, la exportaron Brasil y Argentina. Eso lo vemos replicado en el resto del mundo. Los indicadores de movimiento de contenedores muestran un sostenimiento de la actividad porque las estrategias de las empresas han incorporado la perspectiva de riesgo global en sus diseños de estrategia, diversificado sus vínculos e incorporando cadenas alternativas de suministro para evadir este tipo de disrupciones que vienen desde la política. El desacople lo vemos especialmente en el sector de semiconductores y tecnología avanzada pero no en el resto de los productos. Incluso en esos sectores hay bastante triangulación y diversificación del comercio. Hoy, a diferencia de lo que fue el periodo de la Guerra Fría, estamos en una economía que es altamente interdependiente. No hay una capacidad de los Estados Unidos de aislar los vínculos económicos del hemisferio occidental, a la que considera su zona de influencia, respecto de China. Durante la Guerra Fría, Rusia no tenía altos vínculos económicos con el hemisferio occidental, hoy sí lo tiene. Este instrumento de acuerdo marco para los aranceles recíprocos e inversiones es un intento más de repensar las vinculaciones de las relaciones económicas internacionales, pero tenemos que tomarlo como algo que está en proceso, todavía no madura a una regulación concreta, a una herramienta, es más que todo una señal política. Hacia afuera, Argentina está alineada con Estados Unidos. Hacia adentro, impulsar reformas de economía local, justificadas por una inserción internacional particular.