La herencia tiene dramáticas dimensiones políticas, sociales y económicas. No es sólo un año el que ha cerrado; es todo un ciclo político fallido, iniciado tras la crisis de 2001 y cerrado en los últimos comicios de provincias y nacionales, que llevan a un ciclo de profundas incertidumbres que deben afrontarse con recursos escasos, músculos institucionales débiles y partidos políticos desdibujados.

































