-En Santa Fe tenemos una industria textil altamente tecnificada, muy competitiva, y en Argentina hay una industria que ha invertido muchísimo y en provincias donde no invierte casi nadie. No hay que manejarse con ideologías extremas. Hay que ser eclécticos y pragmáticos. No existe país que te abra completamente su mercado interno. Creo que Argentina tiene que ser inteligente en ese sentido y no cerrar la economía pero tampoco abrirla totalmente porque tenemos condiciones totalmente asimétricas de competitividad. Y muchas veces, en la comparación, no se incluyen los costos sociales que trae la apertura indiscriminada. Eso los países desarrollados lo tienen muy claro. No significa prohibir todo. Pero sí entender que, en este momento, la gran pelea hoy es por las exportaciones y el empleo nacional. Y debemos ir a esa pelea sin una ideología absoluta. Hay que ser muy pragmáticos y ver qué hay en juego, tenemos casos muy concretos de economías regionales en otros países, que los gobiernos no dudan un segundo en protegerlos. Estados Unidos cuando tuvo que salir a defender la industria automotriz, lo hizo. La industria química, en Europa lo mismo. Personalmente visité las dos plantas textiles importantes que tenemos en Rosario. Primero, el industrial está ahí laburando, no llega al mediodía en un Rolls-Royce, pone el lomo todos los días. Y segundo, es las máquinas que han comprado y las cosas que hacen, y decís, bueno, yo no me imaginé que teníamos esto. Ni en Argentina, ni en Santa Fe. Hay que salir, recorrer y conocer el territorio.