Miguel Ángel Santoro, el ex arquero de Independiente, asumía hoy formalmente la dirección técnica del plantel en reemplazo del renunciante Claudio Borghi, tras haber cumplido en el club cinco interinatos previos. Ayer, “Pepé” se desvinculó del cargo de entrenador de arqueros de los seleccionados juveniles de AFA, para comenzar, en Villa Domínico, una nueva etapa al frente del combinado profesional de Independiente, que tendrá como próximo rival al Colón de Mohamed, en Santa Fe.
El querido y respetado Santoro trabajará con sus colaboradores habituales, es decir con Rubén Tanucci como ayudante de campo y Juan Cruz Anselmi como preparador físico. En principio, el contrato que ligará a Santoro con el club se extenderá hasta junio de 2009 y, de acuerdo a cómo le vaya en su función, habrá opción para extenderlo, por lo que esta vez el interinato no estará vigente.
Conocedor como pocos del banco del “rojo”, Santoro ya estuvo al frente del equipo en el Metropolitano del ‘80, Clausura 2001, 2005, 2007 y 2008, y no le fue tan mal. En síntesis, “Pepé” dirigió en 51 cotejos, de los cuales ganó 20, empató 20 y perdió 11; la mejor campaña fue en el último torneo con cuatro partidos ganados, uno empatado y uno perdido.
La renuncia de Borghi fue la crónica de una inminente despedida, teniendo en cuenta el doble discurso que dejaron traslucir los jugadores en la muy floja actuación ante Huracán. La misma base de jugadores que se “devoraron” a Jorge Burruchaga y Pedro Troglio, con el maquillado apoyo de “estamos a muerte con el técnico”, ahora se deglutió a Claudio Borghi.
También es cierto que Borghi probó y ensayó mil variantes para encontrar el buen funcionamiento del equipo y solamente lo logró en el primer tiempo ante Estudiantes, en el partido de ida por la Copa Sudamericana. Pero más allá de las culpas del entrenador, varios jugadores no estuvieron a la altura de las circunstancias en los momentos claves, por ejemplo en los clásicos, ésos partidos que “todos” dicen querer jugar.
La tarea de Santoro será difícil, intensa, para enderezar el rumbo de un plantel futbolísticamente famélico en creatividad, combatividad y, sobre todo, en mostrar esa vieja mística que otrora ostentó la historia del club de Avellaneda.


































