Por Estanislao Giménez Corte / egimenez@ellitoral.com
"¿Sos vos?"; "Siempre te vemos!"; "¿Cómo les afectó lo de Guinzburg?"; "Es el de la tele!"; "Hermoso el programa" le dijeron a Osvaldo Bazán (Salto Grande, 7 de agosto de 1963), palabras más, palabras menos, hombres y mujeres, chicos y grandes, en las pocas cuadras de la ciclovía santafesina metamorfoseada en la Feria del Libro, en los pocos minutos en que caminó, con la tarde del sábado cayendo, de sur a norte.
Fue los primeros días de octubre, antes de su presentación. "Lo que genera la tele es increíble", decía él, entonces, y saludaba, se sacaba fotos, sonreía. Se reía también, de su propia categoría de famoso. "Me llegó tarde y no lo busqué", decía; y: "Entonces, para mí, es lo mismo", decía. Podría agregarse otra lectura: que le llegó ese reconocimiento y que no reniega de él pero (porque) Bazán es, antes, muchas otras cosas. Periodista cultural y escritor, atravesó (y sigue) un largo recorrido, que incluye una larga temporada en Rosario (trabajó en radio, TV y diarios, entre el ‘84 y el ‘95); pasó por Noticias, Perfil, Página/12 y Veintitrés, entre otros. Actualmente es parte de "Mañanas Informales" (Canal 13) y escribe en Crítica de la Argentina" (el diario dirigido por Jorge Lanata).
Tres novelas publicadas -"Y un día Nico se fue" (2000), "La más maravillosa música (una historia de amor peronista)" (2004) y "La canción de los peces que ladran a la luna" (2006)- se suceden en su biografía profesional, junto a un ambicioso y celebrado volumen de investigación histórica: "Historia de la homosexualidad en la Argentina" (Marea Ed.; 2004), de casi 500 páginas, que recorre con rigurosidad investigativa, pero a la vez con una redacción "periodística", la "historia" de la homosexualidad desde la Conquista hasta nuestros días, a partir del trabajo con documentos que parten desde los "cronistas de Indias" y llegan a las recientes uniones civiles entre personas del mismo sexo. Se trata allí la relación entre la sexualidad y el discurso del poder, la religión, la ciencia y la represión.
"Vos porque no tenés hijos", su nuevo trabajo, está listo pero aún no ha sido editado. Antes de la presentación en una de las carpas del evento, entonces, después de la breve pero intensa caminata, conversamos, cerveza de por medio, de su trabajo.
DOS EN UNO
- ¿Cómo se combinan, cómo conviven en vos el periodista televisivo y el novelista; de qué forma administrás esas dos tareas tan diferentes?
- Bueno, en realidad es una idea tuya que conviven ¡se agarran a trompadas todo el tiempo! (risas). Siempre es la misma persona: el hecho es que estoy en la tele y soy un tipo al que le interesan los temas culturales, y que trabaja y opera sobre ellos. Parece raro porque, en general, está la impresión (bastante acertada) de que son mundos muy separados. Yo noto prejuicios de los dos lados. Soy el que más lee de los que están en la tele; soy el más televisivo de los que trabajan en cultura. Pero son cosas que no tengo en cuenta porque creo que me frenarían. Lo que sí sé es que llego a cada uno de los trabajos con la carga del otro. Lo que intento es que sea a favor... que no sea un problema, porque muchas veces lo es.
- En lo que decís hay una cosa casi existencial: qué soy, qué quiero hacer. Pero hay otra cuestión que es más administrativa, digamos: ¿cómo organizar los tiempos? algo que en "buen romance" podría decirse así: ¿cuándo escribo o cuándo leo?
- Supongo que, como me estoy poniendo viejo, duermo menos (risas). Soy de los que el domingo a las 6.30 se levantan y se ponen a leer. Soy muy curioso. Y una cosa que hace que tenga mucho más tiempo que otra gente es que no tengo hijos. Yo hago propaganda para que la gente no tenga hijos: ¡hay que dejar de tenerlos por dos años, como decía Barrionuevo y vas a llegar a la felicidad! (risas) (...) algo escribí acerca de "los hijos por default ". Hay mucha gente que los tiene por mandato, lo cual es una fábrica de infelicidad absoluta (...).
DOBLE CLANDESTINIDAD
- En muchas críticas sobre tus novelas se alude a la cuestión autorrefencial. Pero la pregunta cae por lógica ¿no son todas las novelas, finalmente, autorreferenciales?
- Yo tengo una novela que se llama "Y un día Nico se fue", en la cual un personaje que se llama Nico, después de seis años de convivencia, con otro que se llama Osvaldo Bazán (risas), decide irse. Éste último, entonces, se va a Buenos Aires: no me puedo hacer el gil! (risas). Ahora, es esa sola. Y me sirvió como "laborterapia". No es exactamente cómo me pasaron las cosas, pero obviamente es muy autorreferencial (...) En el resto de mis novelas no es así, no es tan claramente así. "La más maravillosa música", por ejemplo, ficcionaliza el romance de un militante del FLH (Frente de Liberación Homosexual), que existió en los ‘70 y del que participó, entre otros, el poeta Néstor Perlongher...
- Es muy impresionante la foto del FLH en una marcha peronista en los ‘70, que incluís en tu libro de investigación...
- Sí, claro, este país estaba muy arriba cuando lo bajaron (...) había leído "La Voluntad", de Caparrós y Anguita, y me puse a investigar un poco sobre aquello. El Frente promovía la existencia de un "hombre nuevo", pero no era el concepto tradicional del marxismo, que era machista y, si triunfaba, los hubiera puesto presos...
- De hecho es lo que ha sucedido en Cuba con la persecución de las minorías sexuales...
- Sí, claro, en un punto, entre el "Che" Guevara y Onganía no había diferencias: a los putos los odiaban todos. Ahí me parecía que había un tema absolutamente literario: porque yo estoy convencido de que en las organizaciones guerrilleras había homosexuales, pero vivían una doble clandestinidad: una política y una sexual. Entonces, uno de los ejes temáticos de esa novela es que sin libertad sexual no hay libertad (...) en el libro está documentado el "Manual Moral" del ERP y dos fusilamientos de Montoneros a sus propios integrantes por ser gays. Es un tema ¿no?; por eso, éste es un libro político.
LO "INNOMBRABLE"
- Esas cosas raramente se tratan, cuando se habla de la izquierda no se plantean estas cosas...
- Bueno, en eso la izquierda es católica (...) la religión habla de la homosexualidad como el "pecado nefando", aquello de lo que no se puede hablar. Lo instalaron así y durante 500 años fue "lo que no se podía hablar". Vos podías decir: soy disidente, soy facho, pero no "soy homosexual". Y eso es un sello religioso muy fuerte. Todo poder, para dominar, necesita construir un enemigo; y el enemigo de la homosexualidad fue un enemigo facilísimo. Eso, durante 500 años, impulsado desde la religión, la ciencia y el Estado, lleva al momento en que llegamos hoy (...) recién ahora se está viviendo, en la historia argentina, una bisagra, y eso se empieza a cambiar, pero sucede porque nosotros, los que fuimos víctimas, empezamos a decirlo.
- ¿Dónde ves esa bisagra: en los noventa, en la democracia?
- A partir de las instalación de la democracia (...) en la dictadura era peor, claro. Mirá, cuando hicieron el "Nunca Más", las fuerzas progresistas del país, no pusieron (...) así como quedaba claro que los presos judíos sufrieron más por ser judíos (cosa que el rabino Meier pudo hacer que constase) no consta que los presos homosexuales, por serlo, sufrieron más. Esto se lo contó Meier a Jaúregui (ex presidente de la CHA). Una cosa que pasó en el país y que no pasó ni en el Fascismo ni en el Nazismo, es que acá el poder estuvo ligado a un pensamiento religioso. El siglo militar que tuvimos en el siglo XX (desde el ‘30) fue "militarismo más religión". Hoy, podemos estar orgullosos de que mi grupo estuvo afuera (...) Por eso es importante marcar que no fue siempre que, a medida que pasaba el tiempo, había más libertad. Cuando el poder estaba en manos de la religión, la homosexualidad era un pecado; fines del siglo XIX, con los sanitaristas, con los positivistas, con el poder de la ciencia, pasó a ser una enfermedad; después de la Primera Guerra Mundial, cuando los Estados se consolidan cívicamente, pasó a ser un delito; pero, en esos pasos, nunca dejó de ser lo anterior, se fue acumulando.
- ¿Qué te pasa a vos cuando ves en los medios una cierta banalización o una "estupidización" respecto de las orientaciones sexuales, máxime cuando en una investigación histórica, como la que hay en tu libro, justamente se plantea la contracara?
- Bueno, justamente una de las primeras veces que yo aparecí en la televisión fue por estos temas. Escribía sobre medios en la revista Noticias, y en el programa "TVR" eran muy homofóbicos. Los medios también construyen un objeto fácil de pegarle. Y entonces empecé a decir: está mal lo que están haciendo, etc., etc. Un día escribí una nota virulenta diciendo "TVR es nazi". Me invitaron y les puse 3 puntos. Se enojaron. Pero después cambiaron (...) lo que yo trataba de marcar era que con ese tratamiento hacen sufrir mucho a mucha gente, chiquitos de trece años todavía hoy son echados de sus casas por este tema (....) de todo lo que hice, profesionalmente, lo que más me enorgullece es haber contribuido a que el insulto, hoy, sea decirle a alguien homofóbico y no homosexual.


































