Por Juliano Salierno
“Yo lo mate y listo oficial, lo prendí fuego con nafta y lo agarre a patadas porque me violo mi hija”, confesó Lucas Ramírez a dos guardias de Casa de Gobierno. Los centinelas que vieron las llamas nunca hubiesen imaginado que lo que se consumía era el cuerpo de Roberto Ferrari, un cuidacoches de barrio Sur, que dormía en una de las galerías del Convento San Francisco. Lo supieron al atrapar a Ramírez, que a hurtadillas hizo un intento por escapar.
Una parte de la verdad quedó revelada en esa frase. Ramírez era uno de los asesinos, junto a Cristian Guarino, alias “Mayonesa”, que fue detenido más tarde por la policía en la villa del Centenario. No era tan cierto el móvil del crimen, pronto entendido como un acto vandálico, lleno de sadismo y cometido a sangre fría, que nada tenía que ver con la venganza.
El juez de Instrucción Quinta, Darío Sánchez, llegó a la conclusión que los asesinos atacaron a Ferrari, “aprovechandose que se encontraba dormido”. Le dieron “varios golpes de puño y patadas” y lo hirieron en el rostro. Después lo rociaron con combustible y lo encendieron.
Los testigos
Por semejante atrocidad el juez Sánchez procesó a ambos por el delito de “homicidio agravado por alevosía” y “tentativa de robo calificado por el empleo de armas”, dado que no pretendían otra cosa que asaltarlo. Además, los consideró responsables de “robo calificado por el empleo de armas”, al comprobar que antes de consumar el crimen atacaron a un linyera que dormía en la zona de vestuarios del Balneario del Parque del Sur.
La resolución firmada el 4 de agosto acredita la presunta responsabilidad penal de Ramírez y Guarino, dos muchachos de 29 y 24 años, que muy cebados por el alcohol, salieron a delinquir la madrugada del jueves 10 de abril de 2008.
Testigos claves del caso aseguraron que todo se complicó cuando Guarino y Ramírez llegaron hasta una de las galerías del Convento de San Francisco, donde al parecer, los curas daban refugio a los pordioseros de la zona. Primero hubo una discusión con un hombre apodado “Rosarino” y otra persona, que optaron por irse.
Después se dedicaron a molestar a un viejo que estaba “a unos cincuenta metros”, relató el testigo. “Lo agreden y hieren en la espalda con un cuchillo o una chuza, provocándole lesiones”, con intenciones de robo. A todo esto, Ferrari estaba tirado en un colchón.
Cara a cara
“Me parece que estás diciendo que no te acordás de nada para zafar”, recriminó uno de los presentes aquella noche, y continuó diciendo: “te parece hacerle una cosa así a un pobre hombre, dejate de joder no es justo lo que hicieron loco”. “Haganse cargo mataron mal a una persona, nos apretaron a nosotros, no vengas ahora hacerte el que no te acordás de nada”, dijo el otro testigo.
Luego de indagarlos por separado, el juez resuelve enfrentarlos, porque se echaban la culpa entre uno y otro. Los careos efectuados por el personal del juzgado de Instrucción pusieron de relieve las contradicciones y cambios repentinos del relato, por lo que “sus dichos no merecen la más mínima credibilidad”, opinó el juez.
Un Informe Técnico de la Agrupación Bomberos Zapadores y la autopsia del cadáver no dejaron dudas de que “Ferrari falleció en forma violenta como consecuencia de haber sufrido una carbonización en casi la totalidad de la superficie corporal, intoxicación aguda por monóxido de carbono u otros gases y asfixia”.

































