“La implementación del ingreso irrestricto en 1983, expande en un 126% la demanda por estudios en universidades nacionales en el período 83-92. Por otro lado, producto de las recurrentes crisis económicas que durante la época derivaron en procesos hiperinflacionarios, el presupuesto solo creció un 38% en el período 83-92. Si bien es solo un ejemplo, lo que estas cifras indican es algo recurrente en la historia del país: las decisiones políticas le dan la espalda a las posibilidades de llevarlas a cabo sin que se provoque un daño en las finanzas de las universidades -señala Marcelo Rabossi, coautor del informe-. Actualmente, para mantener la misma proporción de fondos por alumno del ‘83, habría que duplicar en términos reales el presupuesto, situación absolutamente inviable dada la deteriorada condición económica del país”.