Tenemos que hacer el ejercicio, que tanto nos cuesta a los argentinos, de educar en casa. Entendiendo que los jugadores empiezan a participar de los esports o de los videojuegos a partir de los 7 u 8 años, es a través de la casa y a través de un mayor que hay que ir marcando límites claros sobre qué juego sí y cuál no. Lo mismo ocurre con la cantidad de tiempo que le esté dedicando el chico, si no hay un parámetro claro de cuánto tiempo está frente a la consola, computadora o celular, y se le permite jugar una hora, hora y media y no se le genera el compromiso para realice otra actividad, estamos en un problema. Esas son las cuestiones que van a debate y en las que tanto insistimos nosotros que hay que trabajar en conjunto con los Estados, con los clubes, instituciones de educación y de salud para poder dar pasos firmes y claros en estos inicios”.