En el solemne despacho del Rectorado de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), Laura Tarabella empezó a dejar su marca personal, dentro de los límites que impone un edificio histórico que debe preservarse. Llevó algunas de sus plantas desde la Facultad de Humanidades -donde fue decana-, acomodó su notebook en el escritorio, puso más a la vista dos cuencos con arte que encontró en el recinto y pidió aumentar la iluminación del lugar. También contó que cada mañana abre los grandes ventanales que dan a bulevar Pellegrini 2750 para que entre la luz natural. A solo una semana de haber asumido como la primera mujer rectora en la historia de la universidad centenaria, ya se metió de lleno en una agenda intensa, con reuniones y definiciones propias del inicio de gestión.



































