La falta de un alumno en el aula es siempre un fracaso del sistema educativo. Aunque parezca ingenuo decirlo, un banco vacío por un chico que ha sido empujado a realizar una tarea que no sea su formación, en favor de mayor equidad social, es algo que debería avergonzarnos a todos. Y pedir de forma impostergable una solución debiera ser un parámetro indiscutible en pos de una democracia más plena. Sin embargo, en nuestro país las estadísticas indican que más de 600 mil niños, niñas y adolescentes en edad escolar no concurren a clases.
































