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Beatriz Vignoli

"El pensamiento salvaje es un modo de producir característico de nuestra región del Litoral"

La escritora y periodista rosarina publicó a fines de 2025 su nuevo poemario, “Sol salvaje” (Socios Fundadores). La obra enhebra conversaciones, sueños, caminatas y homenajes a una estirpe poética combativa y gregaria.

"El pensamiento salvaje es un modo de producir característico de nuestra región del Litoral""El pensamiento salvaje es un modo de producir característico de nuestra región del Litoral"

Miércoles 4.2.2026
 16:24
 / 
Actualizado al Miércoles 4.2.2026 17:31hs
Leonardo Pez
Leonardo Pez

Beatriz Vignoli publicó su nuevo poemario titulado “Sol salvaje” (Socios Fundadores, 2025). El nacimiento del libro fue ambientado por la noticia -tardía- de la premiación de la poeta rosarina en la categoría Letras de los Premios Nacionales 2023 por “Tálamo” (incluido en la colección de poesía reunida “Viernes”, pronto a editarse como volumen independiente).

En diálogo con El Litoral, la escritora, cronista y crítica cultural desanduvo su flamante producción -a la que definió como “un libro de madurez”-, viajando por sus cuatro compartimentos, y en sintonía con la tradición y el territorio poético vivo de nuestra región salvaje.

Casi una firma

-¿Qué significa “Sol salvaje” en tu historia artística? ¿Qué mojones señalarías como marcas de nacimiento del poemario?

-Creo que es un libro de madurez. Es mi tercer libro después de la poesía reunida, “Viernes” (2022), pero su proceso de escritura viene desde antes de ponerme a reunirla y a escribir (antes de eso) lo que sería “Tálamo”, el libro incluido en ella y con el que gané en 2025 el Primer Premio Nacional de Literatura en el género Poesía.

“Sol salvaje”, a medida que fue tomando forma, se convirtió en un libro que continúa mi camino iniciado en algunos de los poemas de “Tálamo” y de “Expreso” (también del ‘22, inmediatamente posterior a “Viernes”), donde voy asumiendo cada vez con mayor conciencia que la poesía que escribo es inseparable del lugar donde vivo y me crié, y que es el litoral del Paraná. Y al que no considero un paisaje sino un territorio vivo y una tradición poética viva. Una inspiración fueron mis caminatas por barrios, pueblos y ciudades de la región, o mis paseos en colectivo del lado de la ventanilla.

-¿Cómo se fue gestando en vos la serie, el concepto, qué formas fue tomando la composición? ¿Cómo fue el proceso de selección y corrección de los poemas?

-Algunos de los poemas cosechados en esos andares iban más allá de lo descriptivo o de lo autobiográfico, y tendían hacia la epifanía, de modo que los mezclé con otros surgidos de la contemplación y los fui agrupando en una serie a la que inicialmente bauticé “Unánime”. Algunos quedaron en el libro y otros no. Luego armé otra serie que iba a ser como un Tarot de escenas y personajes, de donde hice una selección, y empecé a probar títulos para eso que iba tomando forma, mientras sumaba más.

El libro tuvo un trabajo de elaboración muy consciente junto con Martina Juncadella y Jacqueline Golbert, editoras de Socios Fundadores. Fue una gran experiencia de edición, donde pusimos mucho cuidado en ver qué poema iba con qué otro, qué zonas iban armándose en el libro. Tomé casi todas sus devoluciones. A pesar de la diferencia entre generaciones, al final terminé dándome cuenta de que ellas, al igual que yo, tienen una sensibilidad estética y artística atravesada por una diversidad de disciplinas: el cine y la plástica, además de la poesía. En mi caso, también está la música. Ahora que lo pienso, lo fuimos editando como una película. Lo que yo les envié estaba desordenado en relación con cómo quedó. Y el título apareció al final. Sol = Bea (3 letras); Salvaje = Vignoli (7 letras). Es mi cábala y es casi una firma.

La primera parte, “Liberación por el sonido de la risa” (el subtítulo juega con la traducción del título “Bardo Thodol”, que significa “Liberación por el sonido en el estado intermedio” y se conoce como “El libro Tibetano de los muertos”) se abre con dos poemas extensos basados en recuerdos de mi adolescencia, y continúa con unas caminatas, contemplaciones y epifanías, es decir lo que quedó de aquel primer núcleo inicial. Sigue una sección “Conversaciones”, porque cuando después de una conversación con las editoras reuní los poemas con dedicatorias, comprendí que eran precisamente eso: diálogos con colegas poetas o con artistas, vivos y muertos. Luego viene esa serie que yo llamo del Tarot y que lleva por subtítulo el último verso del primer poema, “Es preciso que ocupes más del mundo ahora”, dedicado a una acuariana divina que está cumpliendo 22 años mientras te respondo esta pregunta. Ese verso opera como consigna ética para todos los poemas del libro. En la presentación en Buenos Aires, Paula Peyseré habló de la dimensión moral del libro. Es una poesía que invita a hacer cosas, a salir del encierro, ocupar más del mundo. Esto es muy válido especialmente para el primer poema de esta sección y el último, “Unas palabras”. Y al final en “Pataperrear” están esos scherzos con animales, una zona más experimental o más lúdica, más cómica, donde juego con las voces y las subjetividades inventadas del perro, el gato, el pájaro, y que cierra con dos poemas extensos en alejandrinos: una parodia a Baudelaire que revisita ciertos paisajes urbanos de la primera poesía del ‘90 y donde sobrevuela la lírica de Willy Harvey, y una especie de balada o canción basada en un sueño reciente con otro personaje real al que conocí en mi adolescencia, un artesano y músico apodado Billy The Kid.

“La relación entre el sueño y la muerte es de vital importancia para mí”, reflexiona la autora en torno a su poética. Foto: Gentileza Socios Fundadores

Tener sueños

-Los sueños se entrelazan con la muerte en varios poemas (“Ubajay en bajante”, “Página y paisaje”, “Cementerio de bolsillo”). Se me viene a la mente la nota previa a “Expreso” (“Sueño del 5 al 6 de mayo de 2021”), un libro en el que hablás del “ferrocarril nocturno del sueño”. ¿Qué relación encontrás entre aquello que revelan los paisajes oníricos al momento de la transposición a la página?

-La relación entre el sueño y la muerte es de vital importancia para mí, porque confío en el aspecto extraliterario del tópico de la anábasis en la poesía antigua y medieval, es decir, el descenso al mundo de los muertos con pasaje de ida y vuelta. Creo que ciertos sueños especialmente claros ofrecen la posibilidad de ese viaje, esa fuga. En el ejemplo que das del relato del sueño al comienzo de “Expreso”, empecé a escribir el poema estando todavía en el interior del espacio del sueño, y como anoto mis sueños ni bien me despierto (usando una técnica especial para recordarlos), pude rescatar el poema empezado y continuarlo. Salieron dos versiones, una más fiel a la versión onírica y otra reelaborada con elementos históricos agregados en la vigilia.

-Desde el título de la obra, pasando por ciertos climas y personajes desarrollados, lo salvaje convive con la “ilusión de peligro”. ¿En qué expresiones y gestos, además del hecho poético per se, encontrás material sensible, capital de ternura, para combatir la dureza de este mundo? ¿Cuál es la lírica para esta época?

-Hay materia para la sensibilidad y la ternura en la escucha de los pájaros, de los animales en general. En tener (literalmente) sueños y compartirlos. En escuchar contar las historias del lugar donde uno vive. En cultivar amistades y cuidar nuestras infancias, educarlas de un modo amable y vital. En hacer un jardín y cuidar la Tierra. Y en valorar y honrar a las personas ancianas, enfermas o con discapacidades.

No sé si responde a tus preguntas pero tengo muchas ganas de decir que la poesía y los sueños se producen a partir de un mismo circuito cerebral, que es el de la emoción y la imagen. Sólo que la poesía hace el prodigio de traducir eso a palabras.

Y también tengo ganas de decir (aunque no responda a tu pregunta) que para mí las categorías de lo existencial, lo paisajístico, lo espiritual y lo litoraleño son sinónimos.

Las caminatas y paseos fueron un insumo clave para Beatriz porque le proveyeron “una mirada móvil sobre lo urbano”, algo “muy reciente en las poetas mujeres, por ser mal vista la que callejeaba”. Foto: Gentileza Maxi Conforti

Mirada móvil

-En el epílogo de “Sol salvaje”, te preguntás “¿Qué no han hecho estos pies?” en diálogo directo con el verbo “pataperrear”, que te obsequió Candelaria Rojas Paz. ¿Qué herramientas te proveyó y te sigue proveyendo el andar citadino de flâneur?

-Ahora pocas, porque tengo lesiones por sobrecarga en la fascia de las plantas de los pies y no puedo caminar mucho. Me proveyó la posibilidad de una mirada móvil sobre lo urbano, que si lo pensás es muy reciente en las poetas mujeres, por ser mal vista la que callejeaba. La calle es un espacio que tuvimos que ganar. Pero están los poemas de Marcos Lenzoni a las calles de Rosario, que tienen más de cien años, donde él experimentaba con el pregón del verdulero italiano (salieron en diarios de la época, y los reunió Montes i Bradley en un librito inhallable y primoroso de 1945 titulado “Resurrección de Lenzoni con un florilegio”) y el vanguardismo urbano tardío de Facundo Marull, al que reconoce como influencia mi querida y doblemente colega Caro Musa, poeta y flâneuse (además de editora de mi libro “Mi gato interior”, 2021).

El andar callejero en vena poética tiene algo de documentalista, se presta al montaje y a lo experimental. Y está el ritmo de los pasos, que ayuda al ritmo de esa especie de cine efímero. Tengo un poema que iba a ir a este libro pero fue a parar a “Tálamo”, “lit oral Santa Fe”, que compuse grabándolo en el teléfono mientras caminaba por la calle 4 de Enero. Y mucho tiempo fue “lit” oral, literatura oral, porque no lo escribí sino que hice directamente un videíto y lo he mostrado dos veces en Santa Fe, una como audio y otra como video: “Nadie anda por la vereda del sol. / Hay azules pintados que no vi en ninguna otra ciudad. / Podría vivir acá / como en el valle / umbrío entre un repliegue del recuerdo. / He visto a las hijas de Dafne con las caras arrasadas por la luz, / esquinas donde cada lapacho florecido construye su galaxia”.

-¿Cuáles son las palabras que más te gustan del idioma español?

-Muchas. Las elijo por el sonido, no por el sentido. “Estantería” suena como un nombre griego. Mi amigo Manuel Díaz le puso ese nombre a un personaje de una novela. La palabra “páramo”, que usaba mucho Willy Harvey en su poesía, me gusta cómo suena aunque su sentido denotativo sea desolador. “Buganvillas” me gusta más que “Santa Rita” para nombrar esas enredaderas llenas de brácteas magenta.

Vignoli (en la foto, junto a Silvia Castro y Paula Peyseré, en la presentación del libro en Buenos Aires), reconoce que cada vez va “asumiendo cada vez con mayor conciencia que la poesía que escribo es inseparable del lugar donde vivo y me crié”. Foto: Gentileza Socios Fundadores

McGyverismo

-A lo largo del poemario “salta” la preocupación por ese espacio que se camina (“el vacío está lleno de materia”, “es preciso que ocupes más del mundo ahora”, “o por lo menos / hay espacio / donde caminar”), como si hubiera que saltar de un canto al vacío, a la soledad, hacia otro que llene, que ocupe. ¿Pensás estos poemas como voces congregatorias, asamblearias, de pájaro cantor? ¿Qué lugar ocupa la música, tan presente en los versos, en tu cotidianidad?

-La música es fundamental en mi vida y no sólo en mi poesía. Fui una niña del conservatorio de piano. De adolescente y de joven escuchaba música todo el día; voy desde los 13 años a recitales como el que narro en el primer poema del libro (uno de Vox Dei en el teatro Olimpo de Rosario en 1981, donde el público destruyó el teatro bailando); tomé clases de armonía de blues con Gregorio Tisera y de canto con Ro Waisfem, participé en zapadas con la Tradicional Jazz Band, y he colaborado en experiencias de cruce entre la música y la literatura con músicos como Adrián Abonizio, o Gabo Cuman, o el trío de experimentación sonora Canto Desigual (Renata Lozupone, Carolina Andreetti y Verónica Mercado), o el compositor, arreglador y guitarrista Diego Zavalla, del quinteto de tango Masmédula. Y me encanta ser V-jay de rock vintage en fiestas de gente amiga con gustos afines.

-En línea con lo anterior, “Sol salvaje” comienza con una dedicatoria a Silvia Castro, celebrando la complicidad, y continúa con homenajes diversos. Al momento de tramar la escritura, ¿sentís la poesía como una conversación con tu comunidad de afectos: los referentes y los contemporáneos? Fabián Casas recupera el adjetivo del título -y la segunda palabra del poema inicial- y te define como “poeta salvaje”, ¿qué encontrás en ese carácter o estirpe para habitar el mundo?

-Tal cual, es una conversación. Los dos poetas que nombrás me ayudaron a sacar este libro “al mundo”: Fabián Casas escribió un texto elocuente para la contratapa, y Silvia Castro, gran poeta y gran amiga, me lo presentó junto a Paula Peyseré.

En el libro se va delineando la figura del sabio salvaje, el sol salvaje, los salvajes que rompen teatros bailando, el poeta salvaje... me puse a pensar en ese adjetivo, en qué hace que lo tome como nombre, o mejor dicho: que ese adjetivo me anude como un nombre. Y recordé una viejísima lectura mía de Claude Lévi-Strauss, “El pensamiento salvaje”, que reapareció mientras intentaba decir algo para otra cosa que estoy escribiendo, donde en uno de los capítulos me refiero a la identidad villera de René Orlando Houseman, y a partir de apreciaciones de otros (porque no soy entendida en fútbol) empecé a preguntarme: ¿cuánto del estilo de Houseman -ese wing derecho imprevisible que podía ocupar todas las posiciones porque fluía en la cancha, improvisando- le venía de ese ser-a-la-mano que es el hábitat de la villa, un aquí y ahora donde hay que inventar con lo que se tiene? Como si la precariedad material habilitase una especial creatividad de bricolaje, que es muy a grosso modo la tesis de “El pensamiento salvaje”. Antes de leerlo, yo había inventado con un amigo el término “McGyverismo” para nombrar nuestro modo de hacer arte sin un peso, collages con basura encontrada, por ejemplo, y esto del pensamiento salvaje es un modo de producir que hallo característico de nuestra región del Litoral, sobre todo de sus artistas marginales que ahora son canónicos: las arcillas de Kiwi, las lacas de Beatriz Vallejos, los dibujos de Fernando Espino, las esculturas en alambre de Hugo Padeletti (fan de Espino), los collages de Estela Figueroa... Todos los que nombré, menos Espino, son poetas, hoy merecidamente reconocidos. Con todos ellos me identifico en un modo de hacer a la intemperie, en lo abierto, en lo salvaje entendido también como habitar lo inhabitable; vivir “la vida precaria”, como escribió Hugo Padeletti para una de sus exposiciones de esculturas en materiales encontrados.

“Después de este tremendo laburo de reunir la poesía [NdR: en alusión a ‘Viernes. Poesía reunida (1979-2021)’], se escribe con mucha más conciencia de qué se está haciendo, y desde dónde se escribe, y con quiénes”. Foto: Gentileza Andrés Macera

Más conciencia

-En 2022 reeditaste “Viernes” alcanzando poemas de 2021, inclusive. ¿Cuánto cambia -si es que cambia- la escritura, cómo se escribe luego de este nuevo ejercicio de reescritura? ¿Qué aprendizajes, mañas, rastros de todas las experiencias previas que decantaron en la obra?

-“Viernes. Poesía reunida (1979-2021)”, publicado en 2022 en Buenos Aires por Nebliplateada, reedita “Viernes” (2001) con todos mis otros libros, incluido “Tálamo”, que no existe como libro independiente por fuera de “Viernes” pero que pronto lo hará. Además incluye collages, dibujos, facsímiles, poemas juveniles o sueltos, una cronología ilustrada con fotos de archivo, un collage de Adolfo Nigro, fotos nuevas por Maxi Conforti y un prólogo genial de Marina Maggi, y si todo eso forma hoy un hermoso libro fue gracias a ella y a la editora María Gómez, a la diseñadora Luisina García Cattáneo y a la gente que laburó en las digitalizaciones y en la impresión.

No fue una reescritura porque respeté cada libro textualmente. Y después de este tremendo laburo de reunir la poesía se escribe con mucha más conciencia de qué se está haciendo, y desde dónde se escribe, y con quiénes.

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