La primera función para la prensa en el Festival internacional de Cine de Berlín tiene lugar muy temprano por la mañana. Los colegas me saludan somnolientos, con un vaso térmico en una mano y el móvil en la otra, chequeando noticias, mirando mensajes, alguno bosteza y todos esperamos cuando la sala se oscurece ver algo conmovedor, cosa que no sucede muy a menudo.


































