¿Qué determina que una película se convierta en objeto de culto, es decir que se haya generado en torno a ella algún tipo de ritual o ceremonia? Las respuestas son variadas en inabarcables, pero está claro que en gran parte tiene que ver con la capacidad de sus creadores de conectar con aspectos que trascienden la coyuntura, más allá de ser parte de ella. Es el caso de “The Rocky Horror Picture Show”, película dirigida por Jim Sharman, elaborada a partir del musical homónimo de Richard O’Brien y estrenada en 1975. El film es tanto una disección cáustica de los valores tradicionales en crisis en los Estados Unidos durante la era de Richard Nixon, como una observación sobre la sexualidad que va mucho más allá de los corchetes impuestos por su época.
































