La obra cinematográfica de Lucía Puenzo es diferente a todo lo que se ha visto en el cine nacional de las últimas décadas. Su mirada distintiva y provocativa, proyectada sobre temas sociales y políticos conlleva una sensibilidad única, que da lugar a atmósferas intensas y a su plato fuerte: personajes dotados de tal complejidad que se quedan con el espectador durante mucho tiempo. Para graficar esto, cabe tomar un ejemplo literario: las criaturas de Puenzo son como el Tom Ripley de Patricia Highsmith: tiene tantas capas y matices que, al final, el lector no sabe con cual “Tom” quedarse.



































