“La película fue distribuida por la empresa de Bernardo Zupnik. Se estrenó un jueves, hace muchos años. El lunes siguiente, con unas paupérrimas cifras de espectadores en la mano, entre a su despacho con mi mejor sonrisa. Era un día soleado, maravilloso. Bernardo me miró en silencio durante varios segundos. “Vos estás loco” me dijo, preocupado por mi salud mental. “¿Vos sabes la cantidad de directores y productores que se sientan en esa silla llorando cuando sus películas hacen sapo?, agregó. “Sólo te pido un favor, Bernardo. Decime que la mía es la peor película que distribuiste en toda tu vida”. “¡Pues no! ¡Ni siquiera la anteúltima!”. Y mi sonrisa se borró: Lástima. Yo pensé que siendo la última quedaría en la historia. Ni eso pude conseguir”. Y Bernardo, sonriendo, finalizo: “Confirmado, vos estás loco”. Pasaron 14 años. “Un buen día” fue mi fracaso más exitoso. Un grupo de seres maravillosos la adoptaron y “la contagiaron” a otro grupo, que se enamoró de mi peli. Y así fueron pasando “el virus”. Y como si eso fuera poco, años después aparece Néstor Frenkel, un prestigioso documentalista argentino, y se mete en el mundo “incalificable” de mi peli y filma “Después de un Buen Día”, señalaba Enrique Torres frente al estreno del documental a través de sus redes sociales.