A Stephen King se le suele reconocer el mérito de ser uno de los grandes escritores de terror de las últimas cuatro décadas. Lo es, pero verlo de ese modo sería reduccionista. Tal como Edgar Allan Poe y H.P. Lovecraft lo hicieron mucho antes que él, King utilizó las herramientas de ese género (y de otros, ocasionalmente pero con igual maestría en la creación de atmósferas y personajes) para tratar de interpretar desde la palabra los claroscuros del alma humana.


































