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Nuevo álbum

Eliades Ochoa: un “Guajiro” sembrando los surcos

El legendario cantante, guitarrista y compositor cubano, conocido mundialmente desde la experiencia de Buena Vista Social Club, está presentando su nuevo material, en el que explora diferentes ritmos, homenajea a Atahualpa Yupanqui, y colabora con el portorriqueño Rubén Blades y los estadounidenses Joan As Police Woman y Charlie Musselwhite. El Litoral fue parte de su contacto con la prensa latinoamericana, en la que repasó este trabajo y una vida de vivencias que lo inspiraron.

Eliades Ochoa: un “Guajiro” sembrando los surcosEliades Ochoa: un “Guajiro” sembrando los surcos

Sábado 20.5.2023
 17:26
 / 
Actualizado al Martes 23.5.2023 0:13hs
Ignacio Andrés Amarillo
Ignacio Andrés Amarillo

El legendario cantante, guitarrista y compositor cubano Eliades Ochoa anunció su nuevo álbum “Guajiro”, el cual saldrá a la venta el próximo 26 de mayo a través de World Circuit Records/BMG. Eliades es conocido y apreciado en todo el mundo como uno de los miembros fundadores de Buena Vista Social Club, prestando su voz a la emblemática canción de apertura de ese álbum “Chan Chan”. Siguiendo el fenomenal debut de Buena Vista, Ochoa ha publicado nueve álbumes, obteniendo cuatro Grammy Latinos y una nominación a los Grammy. Producido por Demetrio Muñiz y con la participación del mítico Rubén Blades, la cantautora folk-rock Joan As Police Woman y el veterano rico armonicista de blues Charlie Musselwhite como invitados, “Guajiro” consolida su reputación como uno de los artistas más vivaces que ha dado Cuba en el último siglo.

El primer single, “Se soltó un león”, es una clásica plena puertorriqueña con arrolladores arreglos que ya se encuentra disponible en todas las plataformas, con un vibrante videoclip que lo acompaña. Recientemente se publicó el lyric video de “Creo en la naturaleza”, grabado junto a Joan As Police Woman (Joan Wasser).

Ochoa anunció además que llevará la música de “Guajiro” de gira por todo el mundo durante este 2023, la cual incluirá un concierto en el histórico recinto Koko de Londres el 29 de octubre.

Días atrás, Eliades se conectó con la prensa latinoamericana para hablar (en su particular estilo, que pasa de la primera a la tercera persona) del álbum, de su conexión con los maestros de su niñez, y del recuerdo de la experiencia de Buena Vista Social Club; y El Litoral fue parte de esa experiencia.

Aquella y esta juventud

-¿Qué se puede contar de este disco?

-Este nuevo disco de Eliades Ochoa tiene muchas cosas, y trae a la mente muchos recuerdos de mi juventud, de cuando empecé con las primeras notas en la guitarra; de cuando escuchaba a los viejecitos en la Casa de la Trova, haciendo temas de tanta calidad y tanta belleza: aquello fue como una escuela para mí. Me permitían llegar allí y coger una de las guitarras de aquellos viejecitos, y hacer algunas de las cosas que ya venía yo en el camino practicando. Soy autodidacta, el libro de mi compañera Grisel (Sande) recoge esas informaciones (y el público lo sabe) que no vengo de Escuela de Música; pero lo que hago lo hago con todo el amor, el cariño y el respeto que merece el público a quien me debo.

El campo trae a mi mente muchos recuerdos que sencillamente lo que tengo es que ponerle música, porque están frescos en mí aquellos guateques (reuniones en la que se canta, se bebe y se baila), con el tres cubano, tocando tumbadoras. Creo que todo eso me ha ayudado mucho a que este disco “Guajiro” sea inclusive un poco más contemporáneo. Ya pensando en la juventud: en cómo veo en los conciertos el fluido de mucha gente joven.

Me parece que estoy haciendo a veces algún tema y me está pasando por mi mente todo aquel campo; hasta el ladrido de los perros vienen a mi mente en muchas de las canciones que se han incluido en mi disco.

-¿Este disco es intimista? ¿Cuánto de contenido social tiene? “Se soltó el león”, ¿es una referencia, no solamente humorística (como lo presenta en el vídeo) sino también de una profunda connotación?

-Recuerdo a un amigo musicólogo, que me decía que sí cuando yo cantaba “Se soltó el león” estaba pensando en que me había soltado yo, que si el león era yo. Y le respondía que no lo había hecho con esa intención; más bien, me venía a la mente la jocosidad: que si estamos en el zoológico, y se suelta un león, no creo que se quede la gente en el zoológico, lo más probable es que todo el mundo corra, porque yo no me quedaría La gente lo que hace que es un maratón, yo soy uno de lo que lo saldría primero.

-En el comunicado de su nuevo disco mencionaba que este nuevo álbum hablaba mucho de usted y de su historia, que era una especie de manifiesto; y que sentía que este era el momento adecuado para contar sus historias. ¿Por qué siente que ahora, tras todo esto años de experiencia, de trayectoria, era el momento para contarla?

-Si hay algo que me ha impulsado a que este disco no se parezca a otros de mis primeros discos, creo que es la afluencia de juventud que estoy viendo en mis conciertos: la juventud bailando mis temas y pidiéndome los temas de mi repertorio. Esto me golpea mucho, me da mucho deseo de seguir haciendo cosas como las que merece el público.

Estoy seguro de algo: cuando se anuncia un concierto de Eliades Ochoa, como el que hicimos hace poco en Londres: el teatro estaba cerrado, full; estoy seguro, porque el público te lo demuestra, que todo el que va a dicho concierto tiene una idea de lo que va a escuchar. Un teatro de pie, dos mil y pico de personas aplaudiendo y pidiéndome canciones de mi repertorio.

Eso “me verifica”: me da fuerza y me da deseo de seguir haciendo música en cualquier escenario, a cualquier hora, y en cualquier parte del mundo. Eso se lo agradezco al público.



Jinetes invitados

-¿Qué significó para usted compartir con Rubén Blades en este disco?

-Compartir con Rubén Blades me da muchísima alegría y respeto. Admiro mucho a Rubén, nos conocemos de muchos años, estoy hablando de décadas. Él siempre también me ha hablado mucho de la música que yo hago y la forma en que la hago; cosa que le agradezco también. Y ver, para justificar mis palabras, que cuando le dijeron para participar en el disco “Guajiro” no lo pensó un segundo: dio el visto bueno ya. Este tema en el que trabaja Rubén Blades conmigo, es de mi autoría.

-Además de Rubén Blades, también trabajó con Joan As Police Woman, que es una artista alternativa; y con Charlie Musselwhite. ¿Cómo se contactó con ellos?

-A través de la discográfica conecté con Joan. Personalmente no la conozco, pero la admiro y la respeto, y sé que hace un trabajo maravilloso. Me gusta muchísimo lo que hizo a dúo conmigo en “Creo en la naturaleza”: si lo hubiéramos tratado de hacer mejor nos queda mal.

Con Musselwhite, el hombre del Oeste (risas), ya nos conocíamos, y habíamos trabajado juntos en un disco hace muchos años. Yo le admiro muchísimo, él me respeta y le gusta lo que yo hago. Y bueno, hemos compartido no grabando, pero sí como amigos: hemos tocado y hecho cosas.

Este tema donde trabaja Charlie tiene que ver también con mi juventud, con mi niñez, cuando yo iba al teatro a ver la película de vaqueros, de pistoleros: me gustaba el ambiente aquel. Fíjate si me gustaba, que daban tres películas por 10 céntimos. Entonces vino a mi mente hacer algo, y sabiendo que era para Charlie Musselwhite, el tema que hacemos habla del Oeste, de que se me perdió el caballo, y que tengo enterrado a mi alazán.

Creo que en ese tema vienen a mi mente todas aquellas películas que yo veía, y la forma en que de nada en que sentía aquella música. No es por nada, pero tengo que decir que este tema es música y letra de Eliades; pero la música es de un swing americano muy fuerte.

El sombrero que uso, los botines: siempre uso botas de vaquero, de pistolero. A veces me voy, me siento en un parque que hay aquí cerca de mi casa, y dejó el sombrero allí en la casa. Y las personas me dicen: “Oye, ¿el sombrero dónde está? Las personas que conversan, que ya me conocen, que somos del barrio. Porque ya es una imagen: yo mismo me siento mal si no tengo el sombrero. A veces me pongo un par de zapatos bajitos, estos de una telita de esas para los pies, para refrescar; pero, sin embargo, siento que estoy descalzo; y si el sombrero no lo tengo puesto, aunque el sol esté de fuerte me parece que va a llover.

La música country pues sencillamente le he oído; y como vengo arrastrando este tema de ver las películas de vaquero cuando niño, y de la pistola, el sombrero, los botines y los pistoleros, pues de ahí viene la idea de hacer esa música. Me gusta lo que hice, y vamos a ver cuál es la opinión constructiva del público.

-¿Le incomoda el mote de “Johnny Cash cubano?”

-Me da muchísimo orgullo que muchos periodistas y muchas personas en el mundo me dice que soy el Johnny Cash de Cuba; ni me preguntan qué creo. Será porque vestimos de negro, porque usamos sombrero, no lo sé. Pero me viene bien, y respeto mucho la opinión del público: yo me debo al público.



Todos los caminos

-El disco cierra con “Los ejes de mi carreta”, la canción de Atahualpa Yupanqui. ¿Cómo llegó a esa canción, y qué lo motivó a interpretarla, siendo en principio una canción distante a su repertorio más habitual?

-Esa canción tiene tantas cosas verídicas, que no a Eliades Ochoa, a cualquiera le gustaría interpretarla, cantarla. Lo que pasa es que hay canciones de tantas décadas para atrás, que a veces están en un rincón y nadie se ocupa de sacarlas de ese rincón, sacudirles el polvo, darle brillo, y que vuelvan a ser la verdadera la verdadera canción que es.

“Los ejes de mi carreta”, cuántas verdades dice: “Porque no engraso los ejes me llaman abandonao / si a mí me gusta que suenen / pa’ qué los quiero engrasaos”. Fíjate: a él le gusta que suene, porque “es demasiado aburrido / seguir y seguir la huella” por todos los caminos y sin nada que te entretenga. Así que le entretiene el ruido, no puede engrasar los ejes. Se me hace lejos el camino “sin nada que me entretenga”; y entonces esa. soledad se alimenta con el ruido de la carreta.

Es muy posible que todas estas cosas son lo que le llegó a Eliades; a pesar de que lo vengo tocando desde el 63, en el programa campesino “Trinchera agraria”.

Ahora por supuesto lo hice sabiendo que estaba trabajando un disco, con unas posibilidades increíbles. Porque no porque nosotros hayamos hecho este disco pensamos que nuestro repertorio es mejor. Cuando hacemos un trabajo como este que hemos hecho, del disco “Guajiro”, ponemos alma, corazón y vida. Y el premio gigante que yo me quiero llevar a casa es que lo que yo hago le guste a la gente, que llegue para quedarse: es el premio gigante de Eliades Ochoa.

-“Se soltó el león” es una plena portorriqueña; está “West” con Charlie Musselwhite, que es folk; está este tema de Yupanqui. ¿Cómo es este juego de salir de la zona de confort, como por ahí dice usted, pero al mismo tiempo mantener la esencia, jugando con otros ritmos que no son los más recurrentes?

-Creo que debo agradecerle mucho a la naturaleza. Haber nacido en el campo, oír a mi padre y a algunos de los que iban a ayudar a mi padre en la tierra, hacer música. Me gusta esta música de siempre; creo que yo sería capaz de hacer cualquier tipo de música, porque con los años que llevo pasándole la mano a la guitarra, creo que la guitarra no tendría mucho secreto de algo que yo quisiera hacer, y lo podría hacer ahora.

Esta música viene de mi sentimiento campesino: oigo las canciones; uno después de que hace la grabación de un disco tiene que oírlo, para saber si hace falta algo en algún lugar, si alguna nota no está clara, etc. Y estoy seguro, no me queda nada por decir sobre esto. Le agradezco mucho a la naturaleza, que nací en el campo y empecé a oír música en el campo; con el tres cubano, y tocando la conga en un taburete, tocando la clave con dos cucharas. Porque hay mucha influencia en este disco “Guajiro” de lo que arrastra Eliades Ochoa desde su niñez.

Sigo siendo el mismo campesino, aquel guajirito que se crió en el campo; y que siendo todavía de muy poca edad me iba con mi padre a ayudarlo a cargar esto o lo otro, y ayudarlo en el campo: hacer los surcos, ir con un jabuco (cesta), una lima, un machete y un morral.

Me la pasaba en el campo con mi padre, y a la hora de ir a buscar el desayuno, desayunaba junto con mi padre y seguíamos abriendo surcos y echando los granos de maíz, los chopos de malanga, los cangres de la yuca: lo que estuviéramos sembrando. Ese guajiro todavía es y será Eliades Ochoa.

-Hablaba hace un momento acerca de que en sus conciertos ya hay más jóvenes bailando esas piezas. ¿Considera que la colaboración con C. Tangana haya sido determinante para que estos jóvenes pudieran conocer su obra?

-Una vez una amiga me dijo que había un español que quería conocerme; que venía un día a su casa, y que hacía falta que yo fuera, porque era una gente muy joven que quería conocerme de cualquier forma. Pues yo fui, inclusive llegué primero que ellos, y me senté allí a esperar al Tangana. Oí el bullicio de gente por aquella puerta, él venía con muchísima gente; y me dijo la dueña de la casa: “Mira, ahí viene el Tangana”. ¿Y cuál es el Tangana?”. “Yo le voy a avisar, desde que te vea te va a conocer”. Bueno así fue: él miró para la esquina donde yo estaba y fue para allá. Me dio la mano, me abrazó, felicitó, me dijo muchas cosas bonitas que se las agradezco. Un artista joven como él, arrastrando público, me saludó con mucho cariño.

Todo quedó en que quería que yo hiciera un tema con él; yo estuve de acuerdo. Y fuimos al estudio donde grabamos “Buena Vista Social Club”: yo no sabía qué tema era, ni cómo era, ni qué se iba a hacer. Aquello se inventó en el estudio; y él me dijo la parte que él quería que yo cantara: “Bueno, perfecto”, y fue la parte que canté; hice la parte que me tocaba, y los otros músicos hicieron su mambo y su cosa, y salió el tema “Muriendo de envidia”.



Viejos maestros

-¿Qué le decían aquellos viejos las primeras veces que usted empezaba a tocar a agarrar la guitarra o el tres?

-Agradezco mucho a los verdaderos maestros. Voy a usar una palabra que es de Grisel: le agradezco mucho a los maestros, porque yo me siento un alumno aventajado de aquellos viejecitos. Cuando yo tenía 10, 11, 12 años tocaba por la calle, pasaba el sombrero para recoger propina. Otra cosa que hacía en el día: limpiaba zapatos en la plaza de Dolores, en Santiago de Cuba: lo digo, y por supuesto que no me da pena decirlo.

El libro “De la trova para el mundo”, de Grisel Sande, habla de mi vida desde que empecé hasta hoy. Estoy hablando de algo de 65 años atrás. Aquellos viejecitos me veían pasar con mi guitarra: pasaba siempre por allí, porque me iba a los barrios, donde las mujeres se ganaban la vida de distintas formas.

Y yo pasaba por la Trova: Heredia entre San Félix y San Pedro; allí estaba la “vidriera” (quiosco) de Virgilio. Eso que le llamaron la Casa de la Trova era una vidriera: una o dos guitarras enganchadas en un clavo en la pared, en la acera, una botella de aguardiente de caña una fuente con muchos pescaditos fritos, pequeñitos. Iban los amantes a la música, de la tradición: se sentaban allí, empezaban a tocar una de las guitarras, se daba su traguito de aguardiente de caña, que valía 15 céntimos; y empezaban a cantar.

Aquellos viejecitos me permitían que yo me sentara en una banqueta y empezara a cantar temas que yo les oía a ellos, y me sabía porque los conocía a través de mi padre. Me permitían que me sentara allí y empezara a hacer trova; y a veces inclusive hasta cantar a dúo con ellos: La Terrades, Manolo Castillo; personas que ya cuando aquello que yo tenía 10, 11, 12 años ya ellos eran viejecitos todos. Era la segunda casa; porque a medida que fui cogiendo tamaño, y fui desarrollándome un poco con mi guitarra, pues sencillamente más visitaba la Trova.

En el año 63 empecé a trabajar como músico profesional en un programa campesino: salía en el programa e iba para la Casa de la Trova (era mi segunda casa, repito) para encontrarme con los verdaderos maestros, y sentirme un alumno aventajados de aquellos verdaderos maestros.

La gente hoy en día en la calle me dice: “Maestro, ¿cómo estás?”. “Bueno, yo bien”, pero los maestros son aquellos que nos dejaron esa belleza que nosotros hoy tratamos de hacer con tanto respeto y cariño.

La edición en vinilo. Foto: Gentileza World Circuit Records / BMG

Compañeros de siempre

-¿Cómo evoca su paso por el Buena Vista Social Club, donde compartió con Ibrahim Ferrer y Compay Segundo, entre otros?

-Empezó conmigo en Londres: fui a hacer unos conciertos con el Cuarteto Patria, y allí el dueño de una discográfica quería hablar conmigo. Me dijeron que me esperaba en casa de una amiga, pues yo fui a ver qué pasaba. El dueño la discográfica era Nick Gold de World Circuit Records; me planeó (después de muchos elogios a la forma que yo tocaba, a mi guajirada) me planteó hacer un disco con Eliades Ochoa y unos africanos, en La Habana. Nos pusimos de acuerdo, acepté la proposición que me hacían.

Estando en Cuba, me avisó Juan de Marcos González que tenía que subir para La Habana (yo estaba en Santiago de Cuba), porque iba a empezar la grabación del disco que yo había acordado.

Fui, empezaron a armar el estudio donde hicimos Buena Vista Social Club. “Mañana vamos a empezar a grabar”. “Bueno, perfecto, todo preparado para mañana empezar a grabar”. Cuando iba para el estudio, con mi guitarra me ponía a tocar; lo que siempre hago, “pasarle la mano” a la guitarra. Pero no llegaron los africanos, “vienen mañana”. “Ah, bueno, hoy se perdió el día, pero mañana vienen los africanos”.

Mañana no vinieron los africanos, y pasado tampoco, y la última palabra: “Ya no vienen los africanos”, por problemas que no conozco: de pasaporte, de visa. Entonces al dueño de la discográfica se le ocurrió que tenía hacer un disco con músicos cubanos, que arrastraran una trayectoria.

Ahí a uno de los músicos, Juan de Marcos González, le dan la tarea de buscar a los músicos que iban a formar el grupo para grabar. Fue a casa de Rubén González y lo trajo; trajo a Ibrahim Ferrer, trajo a Pío Leyva, a (Manuel) “Guajiro” Mirabal, a todo el mundo. Y fueron a casa de Reinaldo (Hierrezuelo), no estaba; y fueron a buscar a Compay Segundo, y vino. Compay ya había estado desde el año 86, 87 hasta el 91, en Santiago de Cuba, en la plantilla del Cuarteto Patria, con Eliades Ochoa; pero allí nos volvimos a encontrar y empezamos a ensayar los temas.

El único tema que me habían dicho que no podía faltar era “El carretero”: “tienes que cantarlo tú, porque es una orden”. De los demás temas, en el estudio íbamos tocando y cantando, y haciendo cosas entre nosotros; pero Ry Cooder y Nick Gold estaban en la cabina oyendo, y entonces a veces salía Nick y decía: “¿Cómo se llama ese tema que ustedes están haciendo ahora?”. “El cuarto de Tula”. “Bueno, ensáyenlo bien, que me gusta”. Ensayamos “El cuarto de Tula” y lo grabamos. Seguíamos haciendo lo mismo: “¿Cómo se llama este?”. “No dejes camino por vereda”. “Ensáyenlo, porque está muy bonito”. Y así se fue haciendo el repertorio del disco “Buena Vista Social Club”.

Cuando llegó Ibrahim le propuse hacer “Candela” y “No dejes camino por vereda”. Empezamos a ensayar aquello, y ellos fueron seleccionando de los 20 temas por lo menos que hicimos, los que quedaron para el repertorio de Buena Vista. Rubén González empezó a hacer un danzón, “Buena Vista Social Club”, que habla de una sociedad donde iba Rubén y tocaba el piano, y venía Pío Leyva y cantaba; allí jugaban dominó y se echaban las copas. El local existe todavía;ya no como Buena Vista Social Club, sino ya como un taller de algo.

Y así sale: “Buena Vista Social Club” es el tema de Rubén González que coge el dueño de la discográfica para el nombre del disco.

-Omara Portuondo se está despidiendo a sus 94 años, y su voz está impecable. ¿Habrá algún momento en este año que ustedes crucen agendas y puedan compartir escenario?

-Eso sería magnífico, pero no sé si va a pasar. Hemos trabajado muchos años juntos, con Buena Vista Social Club, ella y yo, y todos nosotros juntos. Me estoy enterando ahora de que tiene 94 años, pensaba que tenía 92.

Omara Portuondo nació para ser Omara Portuondo. Y las personas como ella pueden durar cien años; como Sindo Garay: 101 años; como El Guayabero (Faustino Oramas): 107 años. Pero nunca van a dejar de ser quienes son y quiénes serán. Omara nació para ser Omara Portuondo, y es y será Omara Portuondo.

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