Ernesto Gallo mantiene un hilo conductor de personajes y lugares en su libro de cuentos Voz de vaca, que serán los mismos hasta el final. El primero será el campo con el detalle de una enorme sequía. El segundo serán las vacas que mueren de sed por la seca. El tercero, el padre quien poco a poco irá sentenciando el destino de este narrador joven en primera persona. Luego vendrán los hermanos que acompañarán poco a este héroe y la madre tomará protagonismo en el cuento “Mamá flotaba como si tuviera el cuerpo de madera”. Será la actriz principal que llevará incluso a nuestro héroe a ser casi el padre de su misma madre. Y sin que ella se entere, el héroe se comportará con la crudeza bestial que, en el ámbito del campo, sería una situación usual e irreverente ante la muerte. Esa bestialidad puede leerse ante un perro que no se muere pese a los tiros del padre; ante un dedo cosido a mano por su propio héroe luego de pegarse un machetazo o la intentona de una operación de apéndice hecha por sus propias manos. La vida solitaria anuncia el final esperado, pero no será el final lo importante de este libro; spoilearlo no significa, porque desde el principio cada detalle significa mucho más y el silencio del campo y el de las vacas, será la fidelidad de esos testigos que acompañan a nuestro héroe.


































