—Hicimos teatro con Jorge Conti, Jorge Ricci y otra gente muy valiosa en la época de la dictadura militar. Ahí la plaga, la pandemia, era de otro orden. Guardábamos algunos recaudos, pero a diferencia de los actores de cine que fueron muy perseguidos, hubo una cierta tolerancia, una mirada condescendiente, ciertamente despectiva por parte de los militares con respecto al teatro, como una experiencia muy puntual y pequeña. Con ciertos cuidados, podíamos encontrarnos y trabajar. Desde el punto de vista sanitario, solamente tomamos algunos cuidados en el 2009 cuando fue lo de la gripe A. Estábamos preparando “Stéfano” de Discépolo con (Carlos) Falco y Raúl Kreig. Pero fue una cosa circunstancial y enseguida apareció la vacuna. Esto es otra cosa, algo planetario, de otro orden. Casi una crisis civilizatoria, en algún punto. La pandemia, para mí, es el neoliberalismo. El capitalismo financiero, el empobrecimiento de miles de millones de personas. Y el estrujamiento de la naturaleza hasta límites insospechados, que producen estos cercamientos y estas respuestas así como energizantes de la naturaleza. Así percibo yo esto. Pero creo que al mismo tiempo que al ser humano le cuesta tanto ser equitativo, distribuir la riqueza, ha generado procesos de investigación que van a terminar otorgándonos la vacuna para controlar esto, como pasó en la década del ‘50 con la poliomelitis. Yo era muy chiquita entonces pero lo se por relatos familiares y por las huellas que ha dejado en los cuerpos de personas que hoy tienen 70 años.