—Ser extranjero es una consecuencia primera y directa de la migración, y cuando esta fue forzada y se extiende en el tiempo, suele ser una experiencia cargada de dolor. “Apego” procura exorcizar una extranjería sin fin, estaría mintiendo si no admitiera que es la mía. Me atrevo a decir que nadie elige salir de su país si no es por alguna insatisfacción o necesidad importante; la falta de trabajo, la guerra, la discriminación o por una especie de soledad cultural, la búsqueda de una expresión artística-cultural que en el país de uno no es posible desarrollar por falta de políticas culturales, de pares, o de todo eso junto. Dejar la lengua madre, los paisajes, la familia, las redes humanas reales, los códigos, los amigos y el trabajo, por citar las perdidas más inmediatas, tiene un precio alto, fragmenta el corazón de la identidad, aún comprendiendo la complejidad de este termino. “Apego” posee una carga dramática importante en su música, pero también tiene mucha plasticidad de lenguajes. Las canciones hablan y comunican un estar y aprender de lugares nuevos y su otredad, la capacidad de reconstruir un hogar, la potencia de las raíces y del amor como motor y sanación de todo.