Redacción de El Litoral
La fundación que lleva su nombre confirmó la noticia. El humorista, una figura clave de la cultura argentina, tenía 94 años.

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Juan Carlos Colombres, mejor conocido como Landrú, murió ayer a los 94 años. La noticia fue dada a conocer por el periodista Diego Igal y luego confirmada desde la Fundación Landrú, encargada de difundir la obra del genial humorista gráfico argentino. Sus restos fueron velados este mediodía en el Cementerio de la Recoleta.
“El humor está de luto. Juan Carlos Colombres, Landrú, falleció a los 94 años. Gracias x ofrecernos tantos años de buen humor. #LandrúGenio”, publicó la fundación desde su cuenta en Twitter.
También la Asociación de Dibujantes de la Argentina lamentó el fallecimiento de Landrú, a quien calificó como “un gigante del humor gráfico y el dibujo de nuestro país”. A lo largo de su carrera recibió numerosos reconocimientos, como el premio Konex en la categoría Humor Gráfico en el año 1982.
Landrú “reflejó de manera original la realidad política, social y cultural durante más de 60 años”, indican desde el sitio de la Fundación. “Su particular mirada y su humor absurdo e ingenioso le valieron el éxito y el reconocimiento popular”.
Trayectoria
Colombres tomó el seudónimo Landrú, según contó años más tarde, porque nació el día en que guillotinaron en Francia al asesino serial de mujeres Henri Désiré Landru. Activo desde la década de 1940, Landrú colaboró con publicaciones emblemáticas como Clarín, La Nación, las revistas Rico Tipo, El Hogar e incluso Tío Landrú (fundada en 1968).
Pero su etapa más exitosa fue como creador de la emblemática revista Tía Vicenta, que comenzó su tirada a fines de la década del ’50. Landrú utilizó humor surrealista para satirizar tanto a los políticos como a los temas de actualidad. Se tomó también licencias artísticas en las tapas de la revista, las que mostraban sus caricaturas (dibujadas en estilo naif), cuyo diseño cambiaba frecuentemente: para parodiar la recesión de 1966, por ejemplo, cambió el nombre de la revista a Carestía Vicenta.
Sus irreverentes retratos del general Juan Carlos Onganía, quien tomó el poder en el golpe de Estado de 1966, caracterizado como una morsa (un sobrenombre con el que sus camaradas militares se referían a Onganía debido a sus grandes bigotes) determinaron el cierre de Tía Vicenta por un edicto gubernamental de julio de ese año.





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