Diciembre y enero fueron meses complejos para el ambiente cultural, tras el cambio de gestión nacional y de mirada sobre el área: la degradación del Ministerio de Cultura a Secretaría y el proyecto de transformar los institutos autárquicos o eliminarlos, como es el caso del Instituto Nacional del Teatro.
En medio de ese clima de turbulencia, quizás pasó desapercibido el cambio de gestión en el Teatro Nacional Cervantes, en el que finalizó su gestión la santafesina Gladis Contreras; después de más de dos años será reemplazada por el dramaturgo y compositor Gonzalo Demaría.
De vuelta en la capital provincial, Contreras conversó con El Litoral sobre la experiencia porteña, el Programa Federal, y sobre el trabajo conjunto con Jorge Dubatti, entre otros temas.
La propuesta
-Arrancaron la gestión en octubre de 2021; en tu caso fuiste la segunda mujer, desde Luisa Vehil en los 60 no había una directora en el Cervantes. ¿Cómo fue la convocatoria y cómo viviste el desafío?
Fue extraño, porque era algo que no me esperaba para nada. A raíz de que Jorge Dubatti estaba trabajando en el libro de los cien años del Teatro Cervantes (los cumplió en el 2021), me pidió que escriba algo sobre el Teatro para el libro. Entonces tomó contacto el ministro de Cultura, que era Tristán Bauer; me convocaron entre los dos y hablamos con el ministro: le expliqué un poco mi visión de la gestión y lo que estaba haciendo acá en el Centro Cultural, donde estaba como directora hacia seis años. Se ve que le pareció bien: me dijo: “¿Cuándo podés empezar?”, y empezamos con Jorge Dubatti como subdirector el 1 de noviembre del 21.
Como bien decías, la segunda vez que había una directora mujer; Luisa Vehil fue directora por seis meses, porque después vino una intervención: no tuvo mucho tiempo para desarrollarse. Les decía a muchos del Cervantes que tenía todas las de perder: porque era mujer y del interior, o sea que venía mal. Pero hicimos una buena gestión, todo el tiempo para el que nos designaron.
-Tristán dijo que eran las dos cosas que querían: una mujer y federalizar.
-Él me contó eso: que a él le interesaba que sea mujer; había visto por supuesto la gestión que yo había hecho acá; le interesaba mucho la mirada federal, y de hecho me dejó desarrollar esa mirada, porque ampliamos el Programa Federal; y le interesaba obviamente que viniera de la gestión. Porque cuando le propuse a Dubatti que fuera al revés, que él fuera el director y yo la subdirectora, me dijo: “No cumplo con los requisitos: ni soy mujer ni soy del interior ni sé de gestión” (risas).
Hicimos una buena dupla, porque él es un teórico muy interesante, un tipo que sabe muchísimo; que ve todo el teatro que puede: casi diariamente ve teatro, y tenía mucho conocimiento de la escena porteña, que yo no. Como el Cervantes están Buenos Aires, eso lo cubría él: saber a quién estábamos convocando, la historia de cada actor, cada director, cada dramaturgo. Y yo tenía el espectro de las provincias, que es buenísimo.
-Jorge les dice a los porteños “miren que hay muchos teatros diferentes en todo el país”.
-Totalmente. Y por eso él me decía que quería que esté yo; me decía: “Vos conocés los teatros, y yo he visto teatro en el interior”. Él se ocupó de toda la parte teórica, donde él es fuerte.
Fábrica teatral
-¿Qué desafíos te planteó justamente a nivel gestión administrar ese monstruo?
-Justamente, es un monstruo: son casi 400 empleados, son 386. Venía del Centro Cultural, donde hasta he cortado boletos, porque éramos pocos, nos arreglábamos. Ahí hay mucha estructura: de hecho, nadie se ocupa de lo que se tiene que ocupar otro. Pero a su vez es muy complejo: porque al haber mucha gente hay muchas complejidades.
El Cervantes es un teatro fábrica, igual que el Colón. Lo primero que se hace es convocar al director, que dice “yo quiero todo esto”. Obviamente para muchos directores porteños es quizás la única vez en la vida que el Cervantes lo va a llamar, entonces cuando vos los llamás quieren poner todo.
Se juntan con la Dirección de Producción, traen su plan, y el Cervantes se ocupa absolutamente de todo: desde construirles la escenografía que quieren, contratarle| el escenógrafo que quieren, o el iluminador (ellos hacen diseño, después lo realizan los realizadores del Cervantes); contratar todo el personal artístico que van a necesitar (le llamamos artístico-técnico a esto: iluminador, vestuarista) y le contratan los actores.
Todo eso tiene mucha complejidad desde lo administrativo, desde lo económico, desde como optimizar el recurso, a pesar de que el gasto es enorme. Pero después se llega a un producto final que es maravilloso; como le gustaba decir a Jorge, “calidad Cervantes”.
-¿Cómo son los procesos para llegar a la selección de quiénes van a ser los directores?
-Cuando entramos había un montón de programación pendiente que venía de la pandemia, que no se había podido estrenar. Entonces la primera decisión fue respetar eso; porque había directores, como por ejemplo (Ricardo) Bartís, un director muy famoso, que venía esperando hacía dos años, porque la pandemia fue eterna. Y si bien uno puede decir “bueno, Bartís puede estrenar en otro lado”, sus actores estaban esperando esto. La primera decisión fue respetar todo lo que había programado, que nos comió casi un año, o más de un año.
Y después (o mientras) dijimos: “Vamos a llamar a convocatoria”. Entonces abrimos una convocatoria para directores de Buenos Aires, para que presentaran sus proyectos: nunca imaginamos que se iban a presentar casi 800. Habíamos convocado un jurado externo, para evitar nuestra mirada parcial; y el jurado dijo: “Es imposible mirar casi 800 proyectos”. Así que tuvimos que desdoblar el jurado. Se hizo una selección, después la segunda selección la hicimos nosotros: sobre un total de 25 que nos dejó ese jurado hicimos entrevistas: más que la calidad artística lo que queríamos ver era la factibilidad, porque había propuestas imposibles.
De ahí elegimos todo lo que fue la programación que se hizo, y lo que se va a hacer en el 24, lo que quedó planteado: de 25 quedaron 12. A comienzos del 23, que empezamos con cosas nuestras, lo primero que se estrenó fue una obra hecha por señoras, casi todas de más de 80 años, de la Villa 31; donde ellas contaban su historia: se llamó “Los nacimientos”, y para mí era emblemático que en el Cervantes se estrene esto. Era un proceso que venían haciendo en la Villa dos directores, con mucho esfuerzo, y que estrenaban en la sala mayor, en la Guerrero.
Empezamos con “Los nacimientos”, con la sala a pleno, porque fue un éxito; y terminamos el año con “Potencia Gutiérrez” que habla sobre el carnaval de Corrientes: teníamos un grupo de comparseros, que terminaban en el hall haciendo una batucada, con plumas, con comparsa de Corrientes. Para mí era muy bueno ampliar a eso: empezar con señoras de la Villa terminar con compasaros “Potencia Gutiérrez”; y entremedio tuvimos Diana Szeinblum con danza, con mucha más elaboración teórica; tuvimos Ricardo Bartís. Que haya para todos los gustos tiene que ver con eso: con el Teatro Nacional.
En el foyer del TNC: una realidad distinta a la del CCPPU, donde Gladis en persona cortó entradas y acomodó espectadores. Foto: Gentileza de la entrevistadaEn el país
-Hablabas del Programa Federal, de las coproducciones. Santa Fe estuvo con “Hedda Gabler”. ¿Cómo fue esa parte de trabajo?
-Es un programa que está hace 12 años, lo que hicimos fue intensificarlo un poco. Hablamos con la coordinadora de ese programa para decirle: “¿Y si en vez de cinco, como fueron en el 21, hacemos siete?”. Y ellos con un esfuerzo (porque no son muchas personas las de ese programa) llamamos a convocatoria para el interior. Tuvimos la suerte de que se presenten muchos, y pudimos hacer siete: arrancamos con La Pampa, donde además había una cosa una cuestión de género, que a mí me gustaba mucho. Estuvimos en Santa Fe: tuve la suerte de que la eligieran porque el jurado era externo; podían no haber elegido a Santa Fe, pero estando Edgardo Dib sabía que tenía chance.
Estuvimos en Jujuy con una obra donde también trabajaba gente mayor. Estuvimos en Mendoza, en Córdoba; en Mar Azul, que es una localidad chiquita al lado de Villa Gesell. Para mí era buenísimo que fuera no solo en capitales sino también en localidades del interior, que es donde mejor se recibe. Por ejemplo, ahí estrenaron en Gesell, porque en Mar Azul no tenían sala, de chiquito que es. Estuvo buenísimo, que la gente lo recibiera de esa manera, que esté todo el pueblo movilizado.
Estuvimos en Monte Caseros, Corrientes: ahí también en vez de ganar un grupo de la capital ganó un director que trabaja muy bien Luigi Serradori, que está a 400 kilómetros de la capital. Cuando llegamos a Monte Caseros (traté de ir a todos los estrenos), una localidad pequeña, toda la ciudad estaba movilizada; y eso es buenísimo. Por ahí en localidades grandes como Córdoba se diluye más; en Córdoba hicimos una obra que dirigió Paco Giménez; y claro, tuvo éxito, por supuesto, porque es Paco; pero obviamente que pasa más desapercibido en Córdoba, Mendoza.
Acá a “Hedda” le fue bárbaro, hasta la última función estuvo lleno. También tuvimos buena recepción de la Municipalidad local; porque en todos lados hace falta la pata local. A todos les empezaba diciendo en las entrevistas con los secretarios de Cultura: “No podemos llevar el teatro, lo van a tener que poner ustedes. Salvo el lugar, nosotros ponemos todo”.
Convinimos que se produzca de la misma manera y con los mismos recursos económicos que en Buenos Aires; porque eso para mí era federalismo. Los actores cobraron igual que un actor de Buenos Aires, contratados por cuatro meses; la escenografía se contrató igual que si fuera en Buenos Aires: todos eso de la misma manera.
-“Hedda Gabler” tenía esa estructura central, con el caballito de madera y el bebedero.
-Fue maravilloso. Todo eso lo pagó el Cervantes: todo lo que Edgardo dijera que necesitaba se le iba a comprar. Para mí eso era la manera de que sea federal: si acá vamos a tener menos recursos en Buenos Aires no sirve.
-¿Esas obras tuvieron funciones en Buenos Aires?
-No, no por el momento se decidió que no. Me resistí un poco a eso, porque yo decía: “No tiene que ser La Meca Buenos Aires, o estar en el Cervantes”. Porque después sucede que si nadie lo recibe bien también es un bajón para el grupo: se abre el telón y resulta que están los 20 amigos que viven en Buenos Aires. Como no había habido buenas experiencias con eso, pensamos: “Hasta que lo organicemos bien no traigamos los grupos. Porque sí, es lindo ir actuar a Buenos Aires; pero si no hay público es un bajón. Entonces primero nos tenemos que asegurar bien que los vamos a poder recibir, no solo en un buen hotel, pagándoles, sino con público”. Los actores quieren público.
En el 23 abrimos la convocatoria, ya ganaron cinco espectáculos para este año, que los dejamos programados; veremos si se pueden realizar este año: ya no depende de mí. Dejamos toda la programación 2024 armada, e inclusive lo que va a ser el Federal, que nosotros le decimos el “Produce en el país”. Como el Cervantes es un teatro fábrica tiene que empezar a producir ocho meses antes; entonces había que empezar en el 23 lo que se va a hacer en el 24. Cuando me fui ya estábamos hablando de las vacaciones de julio.
Parece mucho, pero después no; porque todas son compras muy grandes, van por licitaciones, que demoran dos meses. Después se construye y se van los ocho meses.
Crecimiento
-El balance es muy positivo. ¿Qué te dejó a vos a nivel humano o de aprendizaje haber pasado por esta experiencia?
-Uh, muchísimo. Aprendí mucho de lo que es administrativo, en principio porque obviamente es otra administración. Aprendí mucho de gestión, porque si bien yo hace más de 30 años trabajo en gestión, aprendí cómo se gestiona a ese nivel. Y también aprendí mucho de cómo se gestiona con recursos, económicos y humanos: nunca había trabajado en un teatro donde hubiera vestidoras, planchadoras, donde hubiera lavandería propia, donde hicieran las pelucas, donde las maquilladoras estén listas para maquillar; el actor entra pone los bracitos así y le ponen la ropa. Era algo que nosotros no conocemos.
-Venías de una gestión pública con mucha menos estructura, y de la gestión privada de grupo autogestionados.
-Empecé durante muchos años en gestión privada, donde cosemos, armamos todo. Y después en el Centro Cultural Provincial, poniéndole buena onda y ocupando los espacios que hay que ocupar: hemos hecho boletería, hemos acomodado gente, lo que haga falta: faltó el que corta los boletos, “dale yo corto”. En el Cervantes eso no sucede, y me enseñó muchísimo cómo se trabaja a ese nivel.
Y después aprendí mucho de lo teórico trabajando con Jorge al lado, porque teníamos largas charlas: ha sido un compañero ideal para mí, porque lo estrujé en conocimiento. Él tenía su oficina y yo a la mía, pero trabajábamos en la mía uno frente al otro, diez horas por día. Y aprendí mucho de la gestión de público: Jorge debe ser una de las personas más capacitadas en Escuela de Espectadores del país. Entonces yo trataba de absorber todo lo que podía.
-Él tiene una cosa de optimismo, de entusiasmo permanente.
-Él es demasiado bueno, entonces jugábamos al policía bueno y el policía malo (yo era la mala). Todo le gusta: nos invitaban mucho de otros teatros, a ver teatro; siempre yo decía lo que no me había gustado y Jorge lo que sí le había gustado. Íbamos distintos días, y él me decía: “Esta obra es maravillosa”; “Sí, pero fíjate que esto, y esto...”. A él le encanta todo: es muy bueno, demasiado.
En equipo: junto al subdirector, Jorge Dubatti, un profundo conocedor de la actualidad teatral. Foto: Gentileza de la entrevistadaVuelta al pago
-¿Cuáles son ahora tus proyectos y expectativas personales?
-Soy personal de planta del Ministerio de Cultura de acá. Huí de Buenos Ares cuando terminó la gestión (risas); a nosotros nos prorrogaron hasta el 31 de diciembre para que pudiéramos terminar las cosas que teníamos ahí, que eran más administrativas. Ahora volví acá, al Ministerio; ya estuve reunida con el secretario de Gestión, Paulo Ricci; con proyectos para este año: queremos hacer cosas copadas, cosas lindas, espero que sean posibles
-¿Dentro de la estructura del ministerio?
-Sí, pero con proyectos especiales, que ya iremos viendo, Con Paulo estamos recién empezando. Yo con mucha expectativa, porque la gestión me encanta, y sobre todo con todo el bagaje que uno trae de Buenos Aires, y de haber visto. Además, siempre digo que para mí esto es fundamental: cuando uno ve algo que está bueno, uno querría que todas las personas que quiere estén ahí: “Ay, por qué no la ve fulano”. Y he visto cosas muy buenas que me encantaría traerlas. Pero también sé que acá hay mucho, valioso.
-También te gustaría hacer todos los proyectos que sea posible hacer acá.
-Lo demostramos con “Hedda”: creo que fue uno de los mejores “Produce” del año, si no fue el mejor, para mi gusto. Acá tenemos con qué; quizás en algunos momentos nos faltan recursos, no solo económicos, sino a veces humanos o administrativos; o de espacio, que acá hay tanta falta de espacios. Pero con qué hay seguro: hay mucha gente muy valiosa. Ojalá que este año podamos hacer cosas copadas, porque tengo ganas, tengo muchas ganas.