La obra comenzó con el “Kyrie”, y desde el vamos Marina demostró su sapiencia, en la articulación de los volúmenes, usando a su orquesta como un instrumento afinado, pero concediendo el protagonismo a las voces. Intensa y religiosa entonó la masa coral, enfatizada por los timbales; hasta que la voz de Maldonado emergió como la heroína de uno de los oratorios bíblicos de Händel, pero con giros melódicos de ópera belcantista, dialogando con el Coro. Que a continuación tomó la posta para un intenso “Gloria”, apoyado en timbales y bronces; llevados por la sutileza de las cuerdas al “Gloria in excelsis Deo”.