Una de las cualidades principales del cine de animación propuesto por Hayao Miyazaki es la de ser lisa y llanamente un producto ante todo transformador. El veterano realizador ha conseguido estrechar un fuerte lazo afectivo con los espectadores, consiguiendo que los mismos se pierdan en sus fantásticos mundos, bajen las defensas y salgan tras el visionado completamente renovados. Miyazaki es dueño de un estilo único que consigue satisfacer tanto al niño que fuimos como al que somos en la actualidad. Allí radica una de las principales diferencias respecto al cine de la gigantesca Disney orientado inicialmente (algo que ha cambiado recientemente con la adquisición del estudio de animación Pixar) solo a historias infantiles y de princesas. Miyazaki consiguió que en una misma sala confluyan niños y adultos y que ambos disfruten la experiencia aún con interpretaciones totalmente distintas. En su mundo no hay límites para la imaginación, pero sí puentes estrechados con el por, momentos, agobiante mundo en el que vivimos.

































