Desde que era chico, en su Humboldt natal, Claudio Weppler supo que quería dedicarse a la actuación. Es que, a pesar de que su crianza se producía en una familia acostumbrada al trabajo duro del campo, donde los silencios eran más frecuentes que las palabras, su gran placer era ver las imágenes que emitía el televisor a batería. Finalizaban los 70, los 80 estaban a la vuelta de la esquina y con ellos iba a venir una fuerte transformación cultural.


































