“Cuando apenas tenía dos años y un mes de vida, me enfermé de polio en la epidemia del año 1956 y quedé cuadripléjica. Mi madre fue mis brazos y mis piernas, pero jamás me sobreprotegió. Si hacía una travesura, me daba un chirlo y hoy se lo agradezco. Ella me dio dos vidas: una, al nacer, y otra, al prepararme para que me desenvolviera en la sociedad”.

































