El 3 de febrero de 1969, El Litoral publicó una nota breve titulada "Cinco minutos con Juana Larrauri". El artículo registró el paso casi fugaz por Santa Fe de una de las dirigentes más importantes del peronismo femenino.
Publicada el 3 de febrero de 1969, la crónica describe el paso de la ex cantante de tango y dirigente política por Santa Fe. Fue una visita breve y sin declaraciones, en un contexto de proscripción del peronismo y dictadura militar.

El 3 de febrero de 1969, El Litoral publicó una nota breve titulada "Cinco minutos con Juana Larrauri". El artículo registró el paso casi fugaz por Santa Fe de una de las dirigentes más importantes del peronismo femenino.
Era un momento confuso de la historia argentina: el justicialismo proscripto, el país bajo la dictadura de Juan Carlos Onganía y una creciente conflictividad social que, tres meses más tarde, desembocaría en el Cordobazo.
Aquel encuentro, con varias idas y vueltas en el medio, puede verse (con "el diario del lunes") como un botón de muestra del clima político de la época y el lugar que ocupaban figuras como Larrauri dentro del movimiento peronista.
En 1969, la vida política argentina transcurría bajo un régimen militar que había clausurado los partidos, intervenido sindicatos y restringido libertades básicas.
El peronismo llevaba varios años de proscripción, y sus dirigentes se movían en un terreno ambiguo y resbaladizo, entre la actividad orgánica (apenas tolerada) y la persecución. En ese marco, cualquier visita de referentes nacionales del Movimiento Nacional Justicialista generaba atención, expectativas y también muchas tensiones.
La prensa, incluso aquella no alineada con el peronismo, operaba con limitaciones. Había temas que no podían abordarse abiertamente y declaraciones que implicaban riesgos concretos para aquellos que las formulaban.
Es en ese escenario donde hay que pararse para leer correctamente la llegada de Juana Larrauri a Santa Fe.
Para 1969, "Juanita" Larrauri era una dirigente de fuste. Había tenido una primera etapa pública como cantante de tango. Sin embargo, su nombre quedaría ligado a la política a partir del surgimiento del peronismo, en la década de 1940.
Con la irrupción de Juan Domingo Perón y, especialmente, con el liderazgo de Eva Perón, Larrauri abandonó su carrera artística para integrarse de lleno a la militancia. Fue una de las mujeres que impulsaron la ley 13.010 del voto femenino, sancionada en 1947, un hito en la ampliación de derechos políticos en la Argentina.
Tras la sanción de esa ley, integró la conducción nacional del Partido Peronista Femenino, presidido por Eva Perón, y fue designada responsable política de Entre Ríos, junto a figuras como Delia Parodi, Dora Gaeta y María Rosa Calviño.
En las elecciones de 1951, Larrauri fue electa senadora nacional por Entre Ríos, formando parte del primer grupo de mujeres que ingresó al Congreso de la Nación. Ese mismo año grabó "Evita Capitana", canción que se convirtió en el himno femenino del peronismo y reforzó su perfil dentro del movimiento.
El golpe de Estado de septiembre de 1955 interrumpió abruptamente su carrera institucional. Fue encarcelada y, desde entonces, pasó a integrar el núcleo duro de la resistencia peronista. Para 1969, Larrauri era una dirigente experimentada, con pasado parlamentario, legitimidad y una fuerte lealtad a Perón.
La llegada de Larrauri a Santa Fe fue comunicada a El Litoral por dirigentes de la rama femenina y por el delegado-secretario del Movimiento Nacional Justicialista en la provincia. El propósito era facilitar el contacto con la prensa local para explicar los motivos de su viaje.
El diario aguardó novedades desde el sábado al mediodía. Recién pasadas las 22.30, se confirmó que Larrauri había arribado a la ciudad y se alojaba en el Ritz Hotel, donde fue recibida por adherentes de su espacio político.
A las 22.35, se produjo el primer contacto telefónico. La dirigente rechazó una entrevista, aduciendo cansancio y compromisos previos, y anunció que al día siguiente ofrecería una conferencia de prensa.
Un cronista de El Litoral solicitó una entrevista exclusiva y Larrauri aceptó, fijando la hora para las 10.30 del domingo. Sin embargo, a esa hora se encontraba ausente. Los intentos posteriores de contacto con su secretaria privada, Mirta González, resultaron infructuosos.
Recién a las 16.30, Larrauri accedió a recibir al periodista, pero dejó una condición. No formularía declaraciones bajo ningún concepto.
El encuentro se produjo en el hall del hotel. No aceptó sentarse ni tomar café. Según la crónica, estaba "sumamente apurada". Aun así, el diario destacó su trato cordial y la impronta de una mujer con "dilatada actuación política".
Los intentos de iniciar una entrevista fracasaron. Larrauri se mantuvo en su negativa, hasta que la mención de Hipólito Yrigoyen quebró algo de su silencio. Y dejó una definición: "Yo soy profundamente peronista y lo seguiré siendo por siempre".
El intercambio derivó en una breve ironía sobre el "premio que se da a los justos", que provocó una sonrisa, pero no modificó su postura. Prometió que, en un eventual encuentro en Buenos Aires, podría hacer declaraciones. Incluso dejó abierta la posibilidad de un comunicado escrito antes de partir. Nada de eso ocurrió.
La nota de El Litoral no tiene definiciones, pero expresa el clima de la época. En 1969, hablar era un riesgo y el silencio, una estrategia. Y figuras como Larrauri, con pasado de cárcel y proscripción, sabían perfectamente cuándo y dónde callar.




